Consejos para hacer entrenamientos cardiovasculares con tu bebé

Ahora que mi hijo mayor ya ha empezado el colegio y yo sigo de baja por maternidad, tengo más tiempo para hacer entrenamientos prolongados. Siempre han sido mi asignatura pendiente, a mí me gusta entrenar al mil por mil y hacer lo mismo durante más de una hora suele aburrirme o dejarme exhausta. Pero la baja por maternidad siempre es una buena ocasión para reflexionar y mejorar en todos los ámbitos.

Para conseguir una buena base aeróbica de cara a esta nueva etapa deportiva, necesito hacer entrenamientos largos y suaves. Parece fácil porque mis padres, mis suegros y hasta mis cuñadas (¡muchas gracias a todos estos benditos!) están dispuestos a cuidar de la niña por un rato mientras entreno.

Aunque frecuentemente la cosa se complica: le doy el pecho a la niña, le quito los gases, la dejo con la familia… y entonces se hace caca. Por no dejar el “marrón” junto con la niña, la cambio antes de salir. El pañal, la ropa y hasta el cochecito, porque las caquitas líquidas de los primeros meses siempre encuentran la manera de mancharlo todo. Sustituyo mi sujetador de lactancia por un buen sujetador deportivo de alto impacto (esto es importante), me calzo las zapatillas y las mallas, ¡y ya estoy lista! A no ser que Daniela regurgite o vuelva a manchar el pañal.

Cuando por fin consigo salir, cojo el coche para ir a un entorno natural que me anime a entrenar, porque si tengo que dar vueltas alrededor de un parque durante más de una hora, me vuelvo loca (todavía más, estarás pensando). Caliento un poquito, empiezo a trotar y es justo cuando suena el móvil. La niña ya está llorando… ¡de hambre! Total, el momento en que más rápido voy es cuando regreso a amamantar a mi hija.

Afortunadamente, con mi primer hijo descubrí que el truco no era mandar a paseo mis entrenamientos de larga duración, sino llevarme a mi hijo de paseo en su cochecito. Pasear a buen ritmo con tu bebé en un entorno agradable es bueno para quemar calorías, recuperar la forma y sobre todo el ánimo. No tiene apenas impacto y si adaptas los ritmos y la duración, se puede hacer sin problema desde el primer día después del parto.

Además, tomar el aire beneficia a tu bebé y seguro que le encanta. Si es invierno, mucho mejor: basta con abrigarlo y taparlo conforme a la temperatura, sin pasarte pero pensando que aunque tú estás en movimiento, él permanece quieto en su cuco. Pese a lo que muchos piensan, salir con el bebé es más complicado en verano. Debes madrugar o salir a última hora para que el sol no queme y las temperaturas no sean demasiado altas. Y en cualquier estación, es fundamental que te hidrates mucho, especialmente si el paseo es largo (más de una hora) y estás dando el pecho. Si te mantienes bien hidratada, sólo tendrás que buscar un banquito o un lugar tranquilo para darle el pecho al bebé cuando tenga hambre.

La técnica para llevar el carrito también es importante. Debes mirar al frente (por muy tentador que resulte caminar sin quitarle la vista de encima a tu precioso hijo), llevar los hombros relajados y es conveniente empujar la barra del carro, no apoyarte sobre él. Es algo así como dar pequeños toquecitos hacia delante al carrito, aunque no llegues a perder el contacto de las manos con la barra. Es la técnica que se utiliza para correr con carrito, y aunque sólo vayas a andar, resulta muy conveniente hacerlo bien si no quieres llenarte de contracturas.

Yo todavía no me siento cómoda corriendo. Mi suelo pélvico sufre y tengo pequeñas pérdidas de orina con cada impacto contra el suelo. Por eso, prefiero aumentar la intensidad de mis paseos de otro modo. Desde hace unos días, añado otros ejercicios que me ayudan a subir de pulsaciones. Esta mañana, he andado un poco para calentar y después he hecho 5 burpees y 10 minutos de marcha rápida. He repetido esta secuencia 5 veces  y a continuación he vuelto a la calma con 15 minutos de paseo relajado. Para terminar, estiramientos e hipopresivos en una sombrita, pero he tenido que interrumpirlos para darle el pecho a Daniela. De este modo, consigo mantener las pulsaciones altas sin que mi suelo pélvico peligre demasiado. ¡No se me ha escapado ni una gota de pis!

Pero me ha costado llegar a este punto. Comencé a dar estos paseos un par de días después del parto. Apenas 20 minutos, andando muy despacio, para despejarme un poco y “desintoxicarme” del hospital. Poco a poco, fui aumentando el ritmo y la duración de los paseos, que se han convertido en uno de los mejores momentos del día. A las seis semanas, ya andaba hasta dos horas a buen ritmo.

Los ejercicios de autocargas son una buena opción para aumentar la intensidad del entrenamiento cuando andar ya no es suficiente, pero en realidad lo más fácil es buscar terrenos con desnivel. Deslizar el carrito cuesta arriba o sobre grava seguro que te acelera el corazón. Y para eso nada mejor que salir al campo con tu bebé. Por eso una mamá deportista no puede prescindir de un buen carrito, con las ruedas lo suficientemente grandes y espaciadas para andar por cualquier terreno. También debe ser capaz de amortiguar los baches (aunque a los bebés les encantan), ser ligero y de buen tamaño para que te continúe sirviendo cuando tu hijo crezca. Aun así debe caber en los ascensores, pasar por las puertas sin problema y ser completamente plegable para que puedas meterlo también en un coche ligero. Tener fundas lavables y una buena capota que evite que le dé el sol directamente al niño también son requisitos imprescindibles.

Lo sé. Al final ese tipo de carritos cuesta mucho dinero… pero merece la pena porque va a ser tu fiel compañero durante tres años. Hay muchas otras cosas menos útiles de las que puedes prescindir  para conseguirlo. Precisamente de eso va mi siguiente entrada en este blog: os voy a contar algunos trucos con los que una mamá deportista puede ahorrar para comprar el carrito que necesita.