Cuatro semanas después de dar a luz

Si los primeros días del bebé son agotadores, lo que viene después puede resultar bastante desalentador. De la euforia y las felicitaciones, he pasado a una interminable rutina de tomas y pañales y comienzo a preguntarme si alguna vez podré dormir una noche entera… o, al menos, tres horitas seguidas. Ya ni hablamos de recuperar mi vida independiente de persona adulta. ¡Entenderás que todavía no haya tenido tiempo ni moral para preocuparme por la figura perdida!

Te cuento esto para que, si te encuentras en la misma situación, no te desesperes. Con mi primer hijo llegué a pensar que nunca volvería a ser la misma. Ahora sé que todo pasa y por mucho que me desespere, todo volverá a la normalidad y recordaré con mucho cariño estos primeros meses de mi hijita.

Aun así, me resulta difícil no desanimarme un poco. Estoy acostumbrada a conseguir, o al menos “perseguir”, aquello que me propongo. Ahora las horas y los días pasan sin tiempo para cuidarme a mí misma.  Y ya nadie me dice lo estupenda que estoy y lo bien que me estoy recuperando del parto.  Se da todo por supuesto y superado. Hemos entrado en una “normalidad” que me tiene bastante “planchada”. Porque si en los primeros días la felicidad de tener a mi nueva hija en brazos lo compensaba todo, ahora ya he tenido tiempo de comenzar a pensar en mí misma y echo de menos muchas cosas: mis entrenamientos, leer tranquilamente, mi ropa (usarla, vamos), mi trabajo, ver a mis amigos, bañarme en la piscina, mi vida sexual… ¡lo dura que es la cuarentena!

Además, hace unos días los cambios en mi cuerpo eran muy rápidos. Día a día, a simple vista, se apreciaba cómo se reducía la tripa. Tanto que llegué a pensar que en un mesecito me ponía mis vestidos ajustados. Pero ya hace como una semana que la cosa parece haberse estancado. Algo de volumen estoy perdiendo, pero la flacidez va en aumento. La piel y los tejidos parecen ahora los de un globo deshinchado. Después de toda la vida haciendo deporte, verse con esta tripa… ¿es para “plancharse” o no es para “plancharse”? Pues eso he decidido: plancharme.

Los encogimientos abdominales (“hacer abdominales” de toda la vida) son contraproducentes todavía, hasta que el suelo pélvico esté totalmente rehabilitado y el recto del abdomen vuelva a unirse, lo que puede tardar varios meses. Pero sí que puedo hacer planchas, es decir, contracciones para mantener una postura estática que pone a trabajar el abdomen de forma isométrica (sin movimiento).
Aquí podéis ver cómo se hacen. Os dejamos un adelanto de las rutinas en esta galería:


Eso sí, continúo haciendo hipopresivos y ejercicios de Kegel para trabajar el suelo pélvico. Los hipopresivos, a primera hora de la mañana, porque dicen los prescriptores del método que resultan estimulantes… ¡ojalá me quitaran a mí el sueño! Las planchas, por la tarde, cuando tengo un rato. Apenas me llevan 10 minutos y estoy progresando bastante, ya he hecho toda la progresión y puedo mantener todos los ejercicios durante 20 segundos. ¡Al menos en esto, voy bien! Y para los ejercicios de Kegel, que son lo más importante en este momento, aprovecho los ratos en los que estoy dando el pecho a Daniela, así que no me llevan tiempo. En esto, y en algún paseo largo con Daniela, consiste todo mi entrenamiento por ahora. No es mucho, pero hasta que pasen seis semanas, la famosa “cuarentena”, y tenga permiso del ginecólogo, no puedo hacer nada más.

Eso sí, me sigo echando la misma crema anti-estrías que usé durante el embarazo en la zona del abdomen por la mañana y por la noche. A la piel le cuesta adaptarse a los cambios repentinos, por lo que también es fácil que aparezcan estrías en estas semanas siguientes al parto. Aprovecho para darme un masajito de un par de minutos con esa misma crema, así se absorbe bien y a ver si de paso logro un poco más de firmeza en la zona. De momento, en la lucha contra las estrías estoy teniendo éxito y parece que tampoco de este embarazo me va a quedar ninguna. Lo de la flacidez ya es otra historia… cuanta más cintura tengo, más floja parece que queda la piel. Creo que en el momento en que alcance el volumen definitivo tendré que hacer algo para mejorar su consistencia. Pero para eso queda mucho… de momento, me concentro en los ejercicios que puedo hacer. ¡Sigo “planchada”!