15 días después de dar a luz

Una vez más, la culpa es de las famosas. Esas que salen de la maternidad con su bebé en brazos y una cintura que ya la quisiéramos nosotras para el resto de las mortales en nuestro mejor momento. Seguro que algunas tienen una genética privilegiada, pero en la mayoría de los casos, hay algún retoque de por medio: ya sea el del bisturí de un cirujano que las acompaña durante el parto o una buena mano de Photoshop en las fotos de la exclusiva del nacimiento.

Si no quieres llevarte un gran chasco después de dar a luz… ¡no mires esas fotos! A las “mujeres normales”, el parto, lejos de hacernos recuperar nuestra figura, nos deja las piernas hinchadas, unas enormes ojeras y una tripa semejante a la que teníamos a los cinco meses de embarazo… y encima, flácida. No existen las recuperaciones milagrosas, yo al menos no conozco ninguna. La realidad que te voy a contar es más dura, pero mucho más real que la de modelos, actrices y novias de futbolistas.

Aunque como en todo, en esto de la maternidad la experiencia también es un grado. Cuando di a luz a mi primer hijo, hace casi tres años, pensé que iba a salir “divina” del hospital y casi lista para recuperar de inmediato mis entrenamientos. ¡Para algo me había mantenido activa y en forma durante todo el embarazo! Pese a mis esfuerzos, me encontré con sobrepeso, el abdomen flácido y el suelo pélvico tan deteriorado que apenas podía dar una zancada larga sin que se me escaparan unas gotas de pis. ¡Y yo que pensé que iba a salir corriendo de la maternidad!

La parte buena de esta situación es que no tienes tiempo para lamentarte. Entre sangrados, puntos, visitas de esas que no se deciden a marcharse nunca (que son solo unos pocos, pero muy pesados) y, sobre todo, un bebé que no para de “pedir teta” y acaparar tu atención de día y de noche, no tienes fuerzas para pensar en tu forma física, tu actividad deportiva o tu figura. Es más, si te queda un minuto libre, lo dedicas a dormir. ¿Quién quiere echarse unas mechas pudiendo echarse una siesta? Y el día que por fin tienes un momento para preocuparte de esas cosas, te miras al espejo y te das cuenta que (¡milagrosamente!) tu aspecto ha mejorado sin que tú hayas hecho demasiado para conseguirlo. Bueno, me refiero a tu figura. Si habitualmente te tiñes y no has pasado por la peluquería desde que diste a luz, lo siento, es muy probable que tengas unas raíces espantosas.

Pero ese es otro tema. Como os decía, en esto de recuperarse tras el parto, la experiencia es un grado. Hace unos días que di a luz a mi segundo hijo, una preciosa niña, y en esta ocasión también me he mantenido razonablemente activa durante todo el embarazo, pero ahora ya sé que las prisas no sirven. Una de las claves para recuperarse del embarazo y el parto es la paciencia, que no es una de mis principales virtudes, todo sea dicho. Pero en esto no queda más remedio que esperar. El tiempo no lo va a “arreglar todo” después de dar a luz, pero hay unos plazos que no podemos saltarnos. La “cuarentena” que decían las abuelas, se impone.

Hasta pasadas 6 semanas (más tiempo si has sufrido una cesárea), no es posible retomar una verdadera actividad física. Y no solo porque lo diga el ginecólogo. Ya lo noto yo misma. Si sentarme es una operación complicada, ¿cómo voy a correr o hacer sentadillas? Es más, si pudiera hacerlas y la pequeña Daniela decidiese dormir dos horas seguidas para darme ese tiempo, ¿las haría? Pues creo que no… estoy tan cansada que es probable que en ese improbable caso más bien me echara una cabezadita. El cuerpo es sabio e impone un periodo de descanso que no es voluntario. Así que en esta ocasión no voy a torturarme pensando que he perdido mi fuerza de voluntad o que nunca voy a volver a hacer deporte o a recuperar la forma, como hice después de tener a Mario, mi primer hijo.

Eso no significa que no haya entrenado nada durante los 15 días que han pasado desde que nació Daniela. Desde el primer día, he hecho contracciones abdominales hipopresivas, pero sin contraer el suelo pélvico… que tampoco hubiera podido, porque en esos días tenía la zona insensible, o peor, muy dolorida. Los encogimientos abdominales normales (los “abdominales” de toda la vida) están totalmente desaconsejados durante unos meses, hasta que los rectos del abdomen vuelvan a unirse. Si los potencias separados, acabarás por lesionarte (ya sabes: las prisas no son buenas en este momento).

Yo no soy ninguna “fanática” de la gimnasia abdominal hipopresiva, no creo que sea la panacea para conseguir cintura, ni el único modo de potenciar el abdomen sin perjudicar el suelo pélvico, como sostienen algunos, pero creo que es un método perfecto para este momento. ¿No lo conoces? Consiste en espirar y, cuando ya has expulsado todo el aire, contraer el abdomen hacia dentro y el suelo pélvico hacia arriba durante 10-15 segundos (tanto tiempo como te sea posible). Vuelves a espirar y repites durante aproximadamente media hora diaria en varias posturas diferentes. Aunque la cosa no es tan sencilla y la contracción del suelo pélvico debe producirse de modo automático, por lo que es mejor que te lo explique un experto.

Si estás pensando en quedarte embarazada, te aconsejo que realices previamente una sesión dirigida o un curso de este método. Los “hipopresivos” están contraindicados durante el embarazo, pero si ya los dominas, puedes comenzar a hacerlos justo después del parto, y son muy eficaces para “apretar el corsé muscular” de tu abdomen y recuperar cintura en tiempo récord mientras potencias tu suelo pélvico, por lo que resultan ideales para recuperarse del embarazo y el parto. ¡Hicieron milagros son mi cintura después de mi primer embarazo!

Desde hace unos días, desde que mi matrona me confirmó que los puntos ya habían cerrado, también he comenzado a realizar Ejercicios de Kegel, contracciones del suelo pélvico de diferente duración que seguro que te han explicado en tu centro de salud. Si no ha sido así, ¡no dejes de preguntar! Yo aprovecho los momentos en los que estoy dando el pecho a Daniela para realizar estas contracciones sin que nadie lo perciba. Ahora recuperar mi suelo pélvico es prioritario, ¡estoy mentalizada! Son ejercicios aburridos y poco motivadores, pero la experiencia de mi primer embarazo, en el que intenté entrenar, correr y hasta hacer judo antes de tiempo, me confirmó que hasta que el suelo pélvico se encuentra en un estado razonable, no debes comenzar a hacer deporte. Hablando en plata: si no quieres que se te escape el pis para siempre… piensa primero en potenciar tu suelo pélvico y después en entrenar. Y si no notas avances, no lo dudes y busca un fisioterapeuta especializado, es la mejor inversión que puedes hacer ahora.

En cuanto al ejercicio aeróbico, de momento me conformo con dar largos paseos con Daniela. Me he hecho con un buen carrito todoterreno (otro día os hablaré de elegir el carrito, un tema importante para una mamá deportista) y trato de dar paseos lo más largos posible, que no es mucho todavía. Y siempre, con mi botellita de agua. Comienza a hacer calor y debo hidratarme para mí y para Daniela, porque no tomar suficientes líquidos es uno de los mayores enemigos de la lactancia.

¿Y de cuidar mi alimentación, qué? ¡Madre mía, con el hambre que tengo! La lactancia impide ponerse a dieta, pero puedes elegir bien tus alimentos de modo que te nutran saludablemente al tiempo que vas perdiendo kilos… Yo me lo he propuesto, ¡pero no lo estoy consiguiendo! De momento, me puede un hambre insaciable, espero que sea cosa de estos primeros días. Ya os contaré cómo voy con esto en las próximas semanas.

Aquí me tenéis, respetando plazos, haciendo hipopresivos, dando paseos y comiendo de todo… No puedo evitar pensarlo: ¡así nunca voy a recuperar la forma! Afortunadamente, a mí nadie me exige estar en forma en 3 semanas y, al pensarlo, comienzan a darme un poco de pena las modelos y famosas esas de los retoques de las que hablé al principio, porque, madre mía, en este momento… ¡Estoy yo cómo para unas prisas!