¡Ha sido otra prueba emocionante! ¡De las que generan también emociones muy diversas! El sábado a las cuatro de la tarde llegaba con Pilar a Oita. Apenas dieciocho horas más tarde iba a disputar mi último maratón como atleta profesional. Tenía previsto aterrizar en esta costera ciudad de Japón el viernes a las tres de la tarde, pero en mi vuelo de Alicante a Ámsterdam perdí la conexión y, tuve que volar de allí a París, tomar otro vuelo de once horas a Tokyo, hacer noche en un hotel del aeropuerto, volar el sábado por la mañana a Fukuoka, tomar un tren desde allí a Oita y… ¡Por fin habíamos llegado!
No llegaba a esta prueba en un estado pletórico de forma, pero a mí esta distancia se me da bien, así que tras dejar lista mi equipación y equipamiento, me marché a la cama contento y satisfecho de poder tener otro gran día en esas grandes avenidas de esta ciudad. En esas calles angostas y con muchos giros en el kilómetro veinte…

Había amanecido frío y algo gris, pero la temperatura era perfecta para disfrutar de un gran día de “competencia”, como mis amigos mexicanos llaman a la competición. En el calentamiento me sentí bien. Tuve tiempo de desentumecer mis músculos del largo viaje. Francamente, esto no iba a suponer excusa alguna en mi rendimiento.

A las diez en punto se daba la salida. Yo comenzaba por el lado izquierdo de la avenida. Justo cuando se bifurcan ambos lados y comienza la subida del puente, arriesgué para adelantar a un atleta que estaba entorpeciendo mi avance. En el momento que lo pasaba tocó mi silla y noté un fuerte impacto al caer al suelo. Con mi hombro izquierdo toqué el asfalto y me sentí aturdido. Allí estuve unos segundos, hasta que reaccioné y pedí ayuda para que me levantaran. En ese momento pensé en ti Isabel, quería dedicarte una gran actuación en esta prueba. Recordé cuando el miércoles me despedí de ti, en ese lecho frío, no creí que pudiera estar viviendo algo real. En el momento en que me incorporaron, no tuve tiempo de pensar. Una corriente de energía discurrió por todo mi cuerpo y, comencé a hacer aquello que más sé, así que comencé a correr, a correr más, a correr como un pura sangre. Apenas doce kilómetros después ya había alcanzado al atleta japonés que en ese momento iba tercero y, seguí corriendo más rápido, más tenaz y más convencido de que tú, Isa, me ayudarías a alcanzar a mis rivales, así que en el kilómetro veintidós ya divisé al siguiente y, así anduvimos hasta el treinta y cuatro, punto en el que me coloqué en segundo lugar.

Al final acabé a cuatro minuntos de Tomoyi Sato, al cual, felicité en la ceremonia de premios. Me quedo con el sabor amargo de poder haberlo hecho mejor, de no haber sido por esa caída, pero en el fondo, me quedo con haber disfrutado al máximo de un evento fascinante que sabe cuidarme, al que regresaré siendo atleta amateur y, al que seguro me entregaré como en cada una de las ediciones que he disputado aquí.
Se cierra una gran etapa de mi vida. Da lugar a algunos interrogantes, pero sin duda, son estos los que me harán crecer.

Isa quiero expresar mi gran agradecimiento de haberte tenido como compañera de facultad. Quiero expresar mis condolencias a toda tu familia, en especial a tus dos peques y a tu marido ¡Ha sido todo un lujo tenerte como guía en mi primer año de carrera!

Santiago Sanz
@santirun
Santiago Sanz
Atleta y entrenador de runners
Ldo. Ciencias del Deporte
Msc “Máster en Ciencias”
Doctorando en Fisiología del ejercicio