Corriendo con los tarahumara

Pasión por correr, miseria, honestidad, espacios naturales únicos, y una gente increíble es lo que nos hemos encontrado en pleno corazón de la Sierra Tarahumara mexicana, el lugar donde residen los indios tarahumara, los de los “pies ligeros”, a los que muchos corredores occidentales veneran por su resistencia física y mental.

Por Vicente Capitán

Hemos estado en las mexicanas Barrancas del Cobre, un impresionante espacio natural ubicado al noroeste del país centroamericano, en el estado de Chihuahua. Para empezar, en México todo adquiere unas dimensiones colosales, las distancias son kilométricas y los diferentes estados tienen una extensión mayor que otros países del mundo. Por ejemplo Chihuahua tiene una extensión igual a la mitad de España o todo el Reino Unido. Chihuahua abarca el 12,6% del territorio mexicano. En él habitan unos 3,5 millones de personas, casi 900.000 en la ciudad de Chihuahua, su capital, siendo Ciudad Juárez (ubicada al norte, en la frontera con EEUU), la ciudad más poblada de este territorio, con 1,2 millones de habitantes. Ahora bien, estas son las cifras oficiales, los números registrados en los censos, porque según la versión del personal de turismo del Gobierno de Chihuahua que nos acompaña en este viaje, el estado chihuahuense puede rondar los siete millones de personas.

 

Los paisajes impresionantes, con montañas y barrancas casi infinitas, han sido la nota dominante.

 

Nuestro modus operandi ha estado en la zona sureste del propio Estado de Chihuahua, la denominada Sierra Tarahumara con cotas comprendidas entre los 1.500 y 2.400 metros de altitud, donde se ubican a su vez las mencionadas Barrancas del Cobre, un vasto espacio natural en el que en 2010 se inauguró un bonito Parque Natural para la práctica del deporte aventura (escalada, tirolinas, barranquismo, senderismo…) al que los mapas otorgan cuatro veces la extensión del populoso Gran Cañón del Colorado estadounidense. Cuando supe que iba a ir a este recóndito lugar del planeta y le planteé el reportaje a nuestro director Juanma Montero, él que ya había estado por allí en su caso disfrutando con la mountain bike, me lo resumió muy a las claras: “Es como el Gran Cañón, pero verde y a lo bestia, enorme”.

En esta zona se celebra desde hace 16 años el Ultra Maratón de los Cañones, una prueba de resistencia exigente por varios motivos que detallaremos más adelante y que celebra carreras sobre las distancias de 100, 63, 21 y 10 kilómetros, siendo las dos cortas de reciente creación y la de 63 sustituta hace unos años de la de 42 que se hacía originalmente, siempre con la de 100 como punto de referencia. En concreto la prueba se denomina Ultra Maratón de los Cañones o de Guachochi, por ser esta la localidad de salida y meta.

 

La profundidad de las barrancas (hasta siete se cuentan en la Sierra Madre Occidental) alcanza unas dimensiones colosales, como los 1.500 metros de caída que tiene la Barranca de la Sinforosa por la que discurre el Ultramaratón de los Cañones en el que hemos estado.

Cuna de los tarahumaras

En Guachochi, ciudad de 40.000 habitantes y su entorno, viven la mayoría de indios tarahumara que quedan en México en zonas habitadas, ya que muchos de ellos viven aún escondidos de cualquier rastro de civilización moderna, en los lugares más recónditos de las montañas y sus barrancas. Los rarámuris (que es su nombre original en su idioma) han ido quedando aislados, casi confinados podríamos decir. El hombre blanco los ha ido “recluyendo” en este lugar de la Sierra Madre Occidental, donde en su día se escondieron para huir de los colonizadores españoles y de dónde ya no se movieron para constituir hoy en día una población de poco más de 120.000 individuos. Las continuas ocupaciones de sus tierras por unos y otros, los han convertido en un pueblo casi nómada agrupados en pequeños pueblos o grupos de viviendas a las afueras de algunas poblaciones mayores, pero en cualquier caso, nosotros hemos visto a la mayoría más bien dispersos en medio del campo o la montaña, con unas casas aisladas de otras. La palabra rarámuri significa “planta corredora”, en un sentido más amplio “los de los pies ligeros”, descripción que resume su devenir cotidiano, que tanto nos llama la atención en occidente y que no es otra cosa que utilizar sus propios pies y piernas como principal medio de locomoción, incluso para cubrir distancias de más de 100 km.

 

El autor del artículo junto al protagonista del libro “Nacidos para Correr”, Arnulfo Quimare, que le firmó un libro y que acabó segundo en la carrera de 100 km de este 2012, superado por el joven de 21 años, Miguel Lara.

 

Los protagonistas de “Nacidos para Correr”

Como suele ocurrir en otros muchos casos en este mundo, de los indios Tarahumara habíamos oído hablar algo los que seguimos el apasionante mundo del atletismo, unos pocos sí que conocían más en profundidad su historia, pero el verdadero salto al conocimiento para el gran público tuvo lugar en 2009 cuando se publicó el libro “Nacidos para Correr”, del estadounidense Chirstopher McDougall, texto divertido y fácil de leer que cuenta la aventura de este prestigioso periodista y corredor popular americano que descubrió a este pueblo con motivo de otra carrera de ultra distancia que hay en la zona. Hablamos de un best seller que ha causado sensación entre corredores de todos los niveles en todo el mundo y del que el propio Kilian Jornet, para muchos el mejor especialista mundial en pruebas de trail exigentes y ultras del mundo, dijo: “A través de sus páginas comprendí porque no podía pasar un día sin correr”.

 

Este libro es una fantástica forma de acercarnos al mundo de los rarámuris. Una novela muy recomendable que no debería faltar en la biblioteca de ningún corredor que se sienta orgulloso de serlo.

 

 

“Nacidos para Correr”

Autor: Christopher McDougall

Editorial: Debate

Páginas: 400

Precio: 20,90 euros 

www.megustaleer.com

 

 

 

 

 

La altitud, ¡bendición de fondistas!

Acudimos a dicho viaje con la expedición de 26 Running Family, un grupo reducido de cuatro personas y sin duda mis tres compañeros de fatigas eran cuatro personajes de altura. Por un lado Javier Bellón como responsable de esta joven agencia de viajes encaminada a dar cabida a todos los entusiastas de deportes de aventura o extremos, un joven licenciado en Inef deportista recreacional, quien para darle mayor realismo a su experiencia participó en la carrera de 63 km. Mariano Pascual “Nano pies negros”, todo un personaje, empresario con mucha iniciativa que no corre persiguiendo objetivos de puesto o tiempo en ninguna de sus actuaciones con dorsal, pero que es uno de los tipos más competitivos que he visto jamás. Contradictorio ¿verdad?. Pues es que el señor Pascual, es un tipo con una formación académica y profesional exquisita que va por el mundo descalzo y por supuesto corre descalzo lo que le echen o casi todo lo que le echen. Y para cerrar este trío de acompañantes un gran atleta como Enrique Meneses, el reciente campeón de España de Carreras de Montaña, que al ser atleta del Otsu Colibrí Guadalajara, club patrocinado por 26 Running Family, disfrutó de la invitación que le hizo su esponsor viajero, el año en que se proclamaron por segunda vez consecutiva campeones de España de Cross por Clubes y subcampeones de Europa.

 

Los tarahumara tienen un aspecto físico envejecido, motivado por la altitud y el pasar casi todo el día a la intemperie haga un sol de escándalo o temperaturas bajo cero. Pese a todo se caracterizan por ser muy longevos y en las carreras ultra es habitual ver a muchos atletas de más de 60 años que mezclan andar y correr con mucha solvencia.

 

Nada más llegar a Chihuahua y posteriormente en nuestras estancias en las ciudades de Cuauhtemoc, el Parque Natural de las Barrancas del Cobre, Creel y Guachochi, hemos sufrido, y de qué manera, con la altitud… especialmente lo hemos notado en el descanso (no hemos podido dormir ni un día con total normalidad) y en el esfuerzo físico, al sufrir esa especie de ahogamiento que provoca la falta de oxígeno a determinadas alturas. La mayoría de nuestros seis días en tierras mexicanas han discurrido a más de 2.000 metros de altitud y varios en el entorno de los 2.400 de Guachochi. La adaptación se hace necesaria y aunque el ritmo de las pruebas largas no sea muy intenso, mi consejo es que el que quiera realizar este viaje-aventura el año que viene tenga en cuenta que hasta el cuarto o quinto día, el cuerpo no está preparado para muchos esfuerzos.

Al margen de lo que nosotros hemos experimentado en nuestros cuerpos, está claro que la vida en altitud dota al ser humano de un don especial para el largo aliento, así ocurre con los grandes dominadores del fondo universal, los keniatas y etíopes, cuyas vidas discurren desde el nacimiento a más de 2.000 metros en las altiplanicies africanas y está claro que con los Tarahumara ocurre otro tanto de los mismo.

 

La indumentaria tradicional y sus peculiares sandalias huarache, con las que devoran kilómetros por terrenos irregulares, es algo que a los corredores occidentales nos llama mucho la atención.

 

Buenos pero no entrenados

Lo que he podido ver de los Tarahumara en el plano corto, me ha llevado a la conclusión de observar a hombres y mujeres fibrosos, de talla media-baja, piel morena curtida por el sol, que según las estadísticas tienen una elevada esperanza de vida pero que aparentan ser mucho más viejos que nosotros y así me ocurrió con la mayoría de rivales con los que compartí momentos en las carreras, a los que pregunté su edad. Alguno podría pasar por mi padre, y resulta que eran más jóvenes que yo, ¡alucinante! Y encima esto era apreciable en la generalidad. Como muchos sabréis la peculiaridad de los Tarahumara que ha trascendido a todo el atletismo “desarrollado” es su capacidad de aguantar largas tiradas, incluso de más de 100 km sin descanso y corriendo descalzos o con sus sandalias huarache, un calzado rudimentario consistente en una base de neumático-caucho curtido con unas tiras de cuero para sujetar a los dedos, al estilo de nuestras chanclas básicas, y al tobillo. Y así devoran kilómetros y kilómetros, les da igual el terreno, abrupto en muchos casos con piedra suelta como la que encontramos por ejemplo en numerosos caminos de la Sierra Madrileña, en las montañas de Castellón o en zonas de Picos de Europa. El caso es que cada paso se oye con claridad cuando vas corriendo al lado de un rarámuri, porque la dureza de la suela de sus sandalias impacta en el suelo con estruendo, ante lo que uno se pregunta: “¿Cómo no se harán daño, cómo no se cargan muscularmente ante la falta de elementos de amortiguación?”. Curiosa pregunta con difícil respuesta y además de mucha actualidad, ya que hoy en día está de moda el movimiento minimalista, que aboga por calzados elementales que emulen el apoyo del pie descalzo, natural, con escasos elementos de protección. Qué mejor minimalismo que el caso tarahumara.

Mi conclusión tras haber convivido unos días con el entorno, el modo de vida y las propias personas de esta etnia, es que sus condiciones naturales son ideales para practicar deporte de resistencia, pero adolecen de una preparación adecuada e incluso, la mayoría de cualquier sistema de entrenamiento básico. Aquí no saben lo que son series, ritmos a umbrales, fartlek, etc… y así el campeón de la carrera reina, Miguel Lara, nos confirmó que su entrenamiento habitual es andar por el monte, ayudando en las labores agrícolas o de transporte a su propia familia, dejando la carrera propiamente dicha para cuando hay competición. ¡Hombre, supongo yo que correrá algo más de lo que me dijo, pero en cualquier caso, un fenómeno alejado de las rutina de entrenamiento del mundo moderno!

 

Muchos tarhumara llevan parte de la indumentaria tradicional combinada con camisetas de running, sobre todo la que los organizadores regalaban por la inscripción. Aquí el impresionante paso del puente colgante subiendo hacia el Mirador de la Sinforosa.

 

Por cierto no me puedo olvidar de la peculiar y original indumentaria de los tarahumara para afrontar largas kilometradas, aunque bien es cierto que entre los primeros clasificados de la Ultramaratón de los Cañones, casi todos los primeros clasificados compitieron con zapatillas de running (desgastadísimas o casi rotas, eso sí) y alguna camiseta y pantalón de running no de última generación pero correctos. Pero la mayoría siguen haciendo gala de su tradición y van ataviados con una especie de manta taparrabos llamada tagora, un camisa o blusa estampada en el torso y la denominada koyera, o cinta para sujetar el pelo. Y las mujeres corren con largos vestidos estampados que las cubren casi hasta los tobillos. Ellas no llevan sandalias huarache, sino una especie de zapatitos, como los que llevan las niñas pequeñas en nuestro país, es decir algo incomodísimo para cualquiera de vosotras. Por cierto que en la carrera de 10 km, de los más de 150 atletas que tomamos la salida, casi la mitad fueron mujeres y todo ello en una sociedad machista y patriarcal.

 

El arte de correr golpeando a una pelota: el rarajípari

El rarajípari es un juego que resume la esencia de correr que representan los tarahumara. Se juega por equipos, aunque el participante activo es un único representante por equipo. Consiste en golpear una bola maciza de madera de encino o similar con el pie descalzo y hacerla avanzar para volverla a golpear y así sucesivamente hasta alcanzar la meta fijada, que suele estar a una distancia de entre 60 y 120 km, alcanzando muchas veces los 200 km. A veces lo hacen atravesando las montañas tal cual y otras muchas acotan un área de un kilómetro para desarrollar este juego en un continuo ida y vuelta. Los participantes son apoyados por los miembros de su pueblo o comunidad que corren junto a él como si fuera su escolta, turnándose para animarle, llevarle agua y maíz como avituallamiento, iluminando el camino durante la noche…

 

El atuendo femenino es todavía más llamativo, porque van muy tapadas con largas faldas y blusas y con unos zapatitos nada cómodos para la carrera a pie. En la foto esta mujer llegando a meta en el centro de Guachochi tras los 21 km.

 

Duras condiciones naturales

Está claro que aquellas colectividades que nacen y viven en altitud, con unas condiciones de vida dura, tiene, pese a las carencias elementales, un don para las carreras de largo aliento. Ocurre en el caso de los atletas del altiplano africano, a lo largo de la historia se ha visto también con los maratonianos  y marchadores mexicanos, marchadores ecuatorianos… y los tarahumara están en este grupo de elegidos. Viven en una continua selección natural, y los que sobreviven a su carestía alimentaria, las sequías, etc, responden al patrón de fondistas en potencia. Además, tienen una alimentación precaria pero a base de maíz, gran aporte natural de hidratos, frijoles y de forma más eventual pollo y otras carnes de caza. Tienen el pinole (bebida de maíz y agua que los atletas toman como avituallamiento) y el tesgüino (cerveza de maíz fermentado presente en todas las grandes celebraciones tarahumara). Y no podemos olvidarnos del peyote (una especie de alucinógeno) que se reserva para las grandes celebraciones espirituales.

 

Salida de la prueba de 21 km, en la que el español Enrique Meneses está a punto de caer, ante el ímpetu de niños y mujeres, que salían en estampida. Meneses acabó segundo, como en la carrera de 10 km, en ambas tras el mismo atleta keniano.

 

Solidaridad en la reina de las barrancas

La carrera reina que agrupa las distancias de 100 y 63 km salía de madrugada de Guachochi para minimizar los efectos del calor y tras 19 km casi llanos por sendero en buen estado, llegaba al descenso hacia la Barranca Sinforosa, la conocida como reina de las barrancas. Una exigente bajada con mucha piedra, sendero estrecho y unos 1.500 metros de desnivel hacia abajo. Ya en el fondo de la propia Barranca paralelos a los escarpados ríos, con una humedad exagerada que disparaba el mercurio y hace vaciarse a más de uno. Al llegar al km 39 comienza el duro ascenso hacia el mirador Cumbres de Sinforosa, 8 km para salvar esos 1.500 m de desnivel, atravesando el espectacular puente colgante de madera ya en la parte alta, donde los atletas de 100 volverán de nuevo unos 40 km después. Los participantes de 63 se quedan tras este descomunal esfuerzo en su meta en la plaza central de Guachochi, mientras que los de 100 hacen este mismo recorrido para deshacer sus pasos andados como decíamos hasta el Puente Colgante y volver de nuevo por el mismo trazado hasta meta.

Allí, al margen de los mejores tarahumara y algunos buenos corredores de ultra trail mexicanos, tuvimos representación española de altos vuelos, con el segoviano Luis Alonso Marcos, con el que coincidimos en el lugar de la carrera, ya que no formaba parte de nuestra expedición. Luis anda en su aventura colosal de realizar el Grand Slam Marathon, un reto consistente en hacer pruebas de ultra resistencia (mínimo de 42 km) en los cinco continentes y los dos Polos geográficos. Luis rindió muy bien pese a estar en plena recuperación tras sus recientes victorias en el Gran Trail de Peñalara y el Maratón de la Gran Muralla China. Acabó noveno, pero lo más valioso de su estancia fue la campaña solidaria que le acompaña en cada una de sus aventuras y que aquí le llevó a recaudar más 2.900 dólares para el Banco de Alimentos de Cuauhtemoc, con el fin de paliar las muchas necesidades del pueblo Tarahumara sumido en los últimos tiempos en una pertinaz sequía. Por cierto que en esa noble captación de fondos de Luis estuvo implicado Miguel Caselles, el corredor y aventurero español que nos descubrió las miserias y grandezas de estas gentes hace una década, no dejando de apoyar desde entonces al pueblo rarámuri con todo tipo de iniciativas. La última de Luis es el sorteo de unas sandalias huarache del gran corredor Arnulfo Quimare, firmadas por este protagonista del libro “Nacidos para Correr”.  ¡Grande Luisete!. Podéis seguir sus aventuras en: www.facebook.com/lui7sete.

 

Luis Alonso Marcos, atleta segoviano y aventurero que hace el Grand Slam Marathon por todo el mundo, recaudó para la causa tarahumara 2.900 dólares. En la foto, con camiseta blanca entregando el cheque la presidente del Banco de Alimentos de Cuauhtemoc, junto con (de izq a dcha) Mariano “Nano”, Meneses, Bellón, un representante del gobierno de Chihuahua, y el autor del artículo, Capitán.

Junto a Luis en los 63 km estuvieron en liza como dijimos al principio, Javier y Mariano, ambos cubriendo juntos y con tranquilidad todo el trazado y Mariano corriendo descalzo todo lo que el abrupto y pedregoso camino de la Sinforosa le permitió. Cuando no podía seguir descalzo se ponía unas sandalias tipo huarache, por lo que fue recibido en la plaza de Guachochi con gran expectación por el público.

Por otra parte, me gustaría recordar al resto de compañeros del “grupo” durante esta estancia en Chihuahua. Federico Arrizabalaga, un emprendedor español afincado en tierras mexicanas hace unos años y creador del portal www.maitravelsite.com, una de las webs/blogs de viajes más visitados del mundo. Santiago, otro español y amigo de Luis Alonso, también afincado en México no hace mucho, que hizo de asistente en carrera del propio Luis y de fotógrafo y colega al resto. Y por último mi reconocimiento a nuestro guía Roberto, empleado del departamento de Turismo de Chihuahua, que junto a Federico se animó con tanto ambiente atlético y participó y acabó los 21 km del último día, la primera media maratón de sus vidas.

 

Los rarámuri poseen un físico envidiable para las largas distancias por terrenos abruptos y montañosos, son finos, pero no excesivamente flacos y tienen una técnica de carrera buena, sin una zancada excesivamente larga, pero muy eficiente pese a ir casi descalzos.

 

Grata experiencia, mucho por hacer

Mi participación en esta Ultramaratón de los Cañones, fue testimonial, alistándome junto a Enrique Meneses en las pruebas cortas de 10 y 21 km, en las que Quique obtuvo sendos segundos puestos tras un atleta keniata. Nos sirvió para observar la técnica de carrera de los rarámuris (muy eficiente), el planteamiento en la competición (suelen salir muy deprisa, sobre todo mujeres y niños) y poco más, porque nos quedamos con ganas de adentrarnos en la gran Barranca de la Sinforosa, a cuyo corazón sólo llegaban las pruebas grandes. Pero participación y observación como espectadores nos han servido para comprender la humildad de estos indios corredores enormemente tímidos y reservados, su gran capacidad física y la escasa importancia que conceden al resultado (y eso que aquí los premios económicos les posibilitaban comprar semillas, alimentos y animales según el puesto).

 

Vicente Capitán, de verde amarillo, junto a un indio rarámuri en la prueba de 21 km. La diferencia de atuendo, sobre todo de cintura para abajo, es evidente. Y aunque parezca mentira por el aspecto físico, el rarámuri era un año más joven que Vicente.

Hemos estado en un paraje incomparable, con unas posibilidades para quien le guste el deporte aventura, casi infinitas. Además una zona tranquila para el turismo, alejada de la violencia que sacude otras zonas de México, un lugar muy necesitado del turismo activo nacional y extranjero y de iniciativas como las de Luis Alonso, que mezclen competición extrema con recaudación solidaria para un pueblo tan necesitado como el tarahumara, quizá la tribu de los corredores por excelencia. Una próxima expedición de atletas aficionados españoles ya está en marcha, ¡no te la pierdas!

 

Más información para viajar y ayudar al pueblo Tarahumara:

www.26runningfamily.com

www.chihuahua.gob.mx/turismoweb

www.facebook.com/ayudacorredoresraramuri

www.ultramaratondeloscanones.com

 

 

Los tarahumara necesitan, además de nuestra admiración, nuestra ayuda, en forma de víveres, elementos cotidianos, material deportivo (para los corredores más destacados…). Las últimas sequías han machacado sus sustento vital, la la agricultura de subsistencia.

 

 

Espectacular paso del puente colgante del Mirador de la Sinforosa durante las carreras de 63 y 100 km.

 

 

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7 pensamientos en “Corriendo con los tarahumara

  1. ¡¡¡Fantástico artículo!!! Expresado con sentimiento, muy cercano, …parecía que estaba allí corriendo con vosotros… y ya me hubiera gustado estar de verdad..! ¡Enhorabuena!

  2. Lo de miseria a qué se refiere el qué escribió el artículo!!!!!!!!!!en que sentido lo escribe por qué a mi me suena fatal!!!!!

  3. Pingback: El mal gusto de Nike al hacer que los Tarahumara ‘corran’ con sus Free | Running Consulting

  4. El articulo es muy bueno, .. soy Mexicana pero vivo en España y practico este fascinante deporte de la carrera de Montaña, y veo con orgullo la admiración que en otras partes del mundo hay por mis compatriotas., y de verdad muchas gracias por asomar al mundo este parte tan maravillosa de mi México.
    Solo un pequeño detallito, espero no parecer chocante, México esta en Norteamérica. , en cuanto a lo demás genial..

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