Hemos recibido últimamente en la redacción varias preguntas sobre la conocida como “la pastilla del deporte” o la “píldora del ejercicio”. ¿Es realista que realmente se pongan a la venta algún día? ¿Realmente podrán igualar los beneficios que ofrece el deporte para el ser humano? Le hemos preguntando al Doctor José Luis López Chicharro, uno de los más prestigiosos en todo lo relacionado con el ejercicio físico, para salir de dudas y conocer su opinión. Este es el texto que nos ha hecho llegar sobre la píldora del ejercicio.

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En 2003 Wald y Law (BJM 326: 1419) acuñaron la denominación de “polipíldora” a una combinación de medicamentos que administrados a la población general mayor de 55 años podrían prevenir la enfermedad cardiovascular en un 88% y los ictus en un 80%. La denominada “polipíldora” contiene bajas dosis de aspirina, un antihipertensivo (generalmente un inhibidor de la enzima convertidora de la angiotensina) y una estatina (utilizada para bajar los niveles de colesterol), añadiendo en ocasiones ácido fólico. Todo ello a bajas dosis, con el fin de minimizar los efectos secundarios de los medicamentos. Esa fue y es una propuesta provocativa y controvertida, ya que implica la medicalización de la población mayor de 55 años con el fin de disminuir la morbimortalidad de las enfermedades más frecuentes que inciden en los países más avanzados. Recientemente, Fiuza-Luces y col (Physiology 28: 330, 2013) han publicado un excelente artículo con el siguiente título “Exercise is the real polypill”.

En el artículo reflejan pormenorizadamente las fuertes evidencias del ejercicio físico como elemento de prevención de la enfermedad cardiovascular y otras muchas enfermedades que inciden en las sociedades “más avanzadas”, y plantean que probablemente el ejercicio sea más potente en este ámbito de la prevención que la “polipíldora” anteriormente descrita, y sin sus efectos secundarios asociados. Además, argumentan que el ejercicio físico en contra de los medicamentos ha mostrado su eficacia en mantener el fitness muscular, y esto es un factor clave para asegurar la independencia en edades avanzadas. Como no podría ser de otra forma, estoy absolutamente de acuerdo con la línea argumental del artículo, pero también hago la siguiente reflexión: ¿realmente es de esperar que en los próximos 50 años la población haga más ejercicio?¿sea más activa?¿los niños cambien sus hábitos?¿nos alimentemos mejor?….particularmente, no soy muy optimista al respecto. No podemos vivir con el recuerdo del pasado, quiero decir que los hijos de nuestros hijos no van a jugar en la calle, ni van a ir al colegio caminando, ni van a realizar trabajos físicamente exigentes, ni van a comer fruta con la calidad que lo hicimos nosotros, todo será diferente. Preparémonos para el futuro sin añorar el pasado que no volverá, lo mejor está por llegar, y afortunadamente para todos nosotros la medicina es cada vez más precisa y avanzada.

Ahora vivimos más que nunca, difícilmente nos morimos por padecer un infarto agudo de miocardio, y alcanzamos una calidad de vida muy elevada hasta edades muy avanzadas. Esa es la realidad. Que nadie me malinterprete, soy el primero en tratar de empujar al máximo (personal y profesionalmente) para tratar de cambiar los hábitos no saludables de la población (ejercicio y alimentación, especialmente), pero como decía antes, no estoy seguro que lo vayamos a conseguir. Así pues, veo con simpatía el concepto de la “polipildora” farmacológica, aunque OJALA lo que llegara a implantarse globalmente fuera la “polipíldora” del ejercicio.

Dr. José Luis López Chicharro