En la feria del maratón de Nueva York de este año descubrí las pulseritas de equilibrio, lo último en pseudo-moda-científica y estoy probando una.

Estas pulseras se venden para mejorar equilibrio, flexibilidad, fortaleza y bienestar en general. ¡Ahí no es nada!

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Al llegar a la Feria del maratón de New York vimos el stand de Power Balance con las pulseritas de plástico. Se parecen a las que llevamos por cualquiera de las buenas causas a las que nos adherimos según los colores, a un precio de 29 dolares, mi incredulidad se puso alerta, así que con mi ‘cara de buena’  le dije al vendedor que qué era esa pulsera y para qué servía… Allí me hizo la famosa prueba de equilibrio en la que sin pulsera estás inestable y al colocarte la pulsera descubres que tienes más estabilidad, y pensé: ‘esto es placebo’. Así que le pregunté ya más seriamente al señor que hacía unos momentos me había empujado amable pero firmemente…con el objetivo de demostrarme los efectos de la pulserita sobre mi equilibro, que si había alguna explicación científica detrás del invento.

El ‘amable señor’ me dijo que la base de la pulsera es un holograma que funciona por medio de frecuencias naturales que tienen efectos positivos sobre el campo de energía del cuerpo humano ¿qué quiere decir esto?

Con esta explicación, mi mente racional se puso a trabajar: ¿frecuencias naturales? ¿campos electromagnéticos? Todo eso envuelto en plástico ¿y con un efecto inmediato?

El caso es que también tengo un parte espiritual, dada a creer con mucha fé en el efecto placebo, y como iba tan lesionada al maratón, con mis meniscos, mis ligamentos y mi tendinitis del tendón de Aquiles…dije ¿por qué no probar? Daño no me puede hacer, y mañana tengo que hacer 42 km, tranquilita, pero sin abandonar. Así que saque mis dolares nuevecitos y me compré una, y al final Covadonga se animó y se compró otra y nos la llevamos puesta para que empezara a funcionar inmediatamente.

Cuando me encontré a Fran, mi ‘Chico’ en la feria, tardó dos minutos en ver la pulsera en mi muñeca y decirme lo de: ‘Ya te han engañado ¿Cuánto te han soplado?’ Y le dije, mira el stand está aquí al lado, vente y que te hagan la prueba de equilibrio y me dices, y allá nos fuimos con los chicos de Runner´s World y su cara de sonrisita irónica e incrédula.

Pero, ellos también cayeron, y uno tras otro se fueron comprando una o dos o tres pulseras para hacer regalitos a compañeros y familiares…y es que la fe mueve montañas, ¡y ante un maratón todas las ayudas son buenas!

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El maratón nos fue bien a todos, cada uno a su tiempo, Fran se disfrazó de Michael Jackson y acompañó a Lola, para conseguir que su hermana hiciera su récord personal con 3 horas 32 minutos (Tengo una cuñaaaaada, bravo Lola). Y yo acompañé a Covadonga en su primer maratón que demostró que está muy fuerte, ya que corrimos a ritmo suave durante los primeros 30 km para ir haciendo fotos y parar, y acabamos los últimos 12 km adelantando con alegría para llegar a meta con una zancada larga y poderosa y derramar las lagrimitas de rigor (todavía se me pone la carne de gallina cuando entro en meta con un novato maratoniano)new-york-marathon-firemanp1070027

De la pulsera ni se habló, con la emoción del maratón de Nueva York teníamos bastante, pero al llegar a Madrid, ahí empezó todo a funcionar. Y es que como científica qué soy nunca pensé que la pulserita tuviera algún efecto real sobre mi, pero psicológicamente era un recordatorio de mis lesiones y me daba seguridad personal, y así la llevaba puesta todos los días.

Así llegó el puente de noviembre, en Madrid tuvimos fiesta el lunes 9 y nos fuimos a Cercedilla con los niños que con tanto viaje ya estabámos con muchas ganas de estar tranquilos en casa disfrutando de la familia.

Empecé a dormirme en el viaje a Cercedilla, en tan sólo 45 minutos y a las 8 de la noche, yo estaba tan dormida que cuando llegamos me fui directamente a la cama. Los que me conocen bien saben que para mi dormir es una pérdida de tiempo, siempre presumo de que con 6 horitas tengo bastante y que por eso puedo hacer tantas cosas a lo largo del día, entre no ver la tele y dormir poco, tengo más horas para entrenar, trabajar o disfrutar de los niños…Pero no había contado con ponerme una pulsera, claro que a mi nadie me había dicho que la pulsera diera sueño, y con la excusa del jet lag, mis dos maratones y mi media maratón en 15 días, y el cansancio acumulado, estuve durmiendo una media de 12-14 horas cada día.

La primera noche recuerdo que me levanté a las 3 de la mañana después de dormir desde las 8 (7 horas) y me comí un bocadillo entre sueños para volver a la cama y volver a dormir otras 7 horas. La segunda ya fueron 14 horas de un tirón. Y el tercer día, Fran llegó a casa a la 1 después de montar en bici, todo preocupado porque nuestros turnos de entrenamiento son sagrados y hay que cambiar a las 12:00 para que uno entrene y otro se quede con los niños y llegaba muy tarde. Pues me encontró dormida como un tronco y tuvo que obligarme a coger la bici y salir un poco a que me diera el aire fresco de la sierra. Había nevado y me fui con la bici de montaña a pisar nieve con Robin, nuestro alemán adoptivo, y después de comer, me quedé dormida de nuevo viendo Kill Bill, ¡yo que nunca duermo siesta y que disfruto viendo a la Thurman pegar golpes y patadas!

Así pasó la semana, sin dormir 14 horas, pero a eso de las 11:00 se me cerraban los ojos sobre el libro y más de una noche Fran me lo tuvo que quitar de encima. El pobre me dijo un par de veces que debería ir al médico o hacerme una analítica, y es que después de 15 años juntos y unos cuantos más que nos conocemos, nunca me había visto dormir tanto y dormirme con tanta facilidad.

Ni por asomo pensé que fuera la pulsera, simplemente pensé que estaba cansada y que los años y los kilómetros maratonianos me estaban pidiendo descanso, pero, había algo más…

A mi no me gusta nada parar después de correr maratones, me lo puedo permitir porque voy tranquila y no fuerzo el motor, la semana siguiente entreno más despacio aún y voy más días a la piscina, también le doy a la bici y hago Pilates, o escalada, no paro pero tampoco corro mucho.

Yo notaba que estaba cansada, que iba muy despacio corriendo, y en la piscina todo me iba fatal. Siempre digo que la piscina me salva de las lesiones, que es mi descanso activo y mi fisioterapeuta particular. Para mi nadar es un ejercicio natural, fácil y relajante, pero de repente nadar era un suplicio, parecía que me estaba pegando con el agua, no flotaba (mi ventaja femenina natural por la grasita extra) me hundía y no avanzaba nada, algo pasaba y pensé que esta vez me había pasado de verdad con mis locuras deportivas.

Una tarde en la redacción estaba hablando con Cristina Azanza, nuestra colaboradora habitual de Triatlón y vió la pulsera de Power Balance y me preguntó qué tal me iba. La dije que no notaba nada, pero que me hacía gracia llevarla y cuál es mi sorpresa cuando me pregunta si no me ha dado sueño, que en la Federación de Triatlón hay unos cuantos atletas que la habían dicho que dormían más y mejor. ¿Qué créeis que pensé? Pues que ahora lo entendía todo: mis 14 horas de sueño incomprensible. Y me puse a buscar por internet hasta que encontré que uno de los efectos del holograma es mejorar el sueño. Así que no era placebo, al menos en  mi caso.

Y al día siguiente en la piscina, debatiéndome en la última posición de mi clase de entrenamiento empecé a pensar que tanta estabilidad en el agua…¿a ver si me hundía por el centro de gravedad de la pulserita? Así que me la quité directamente, y me puse a nadar como un pez. No sé si tendrá algo que ver, pero es como si me hubiera quitado un peso muerto de encima, ahorá volvía a ser un pececito, recuperaba mi esencia acuática, y es que en alguna otra vida yo fui foca, seguro, ¡pero sin pulseras añadidas!

Ahora no sé que pensar, leo en un blog científico que la pulsera es un bolo, y en otros foros todo el mundo está como loco contando las mil y una aplicaciones y mejoras de la pulsera. Mi explicación personal es que con la pulsera me ha pasado lo mismo que con el ginseng, cuando se puso de moda me lo tomé y me dió sueño y hambre. Como estaba estudiando Medicina Natural se lo conté a mi profesor que me dijo: es que el ginseng es un equilibrante natural, y como a mi me sobra energía pero me falta descanso, y en ese momento comía poco y mal (era joven e inconsciente) Al tomar ginseng el cuerpo me estaba pidiendo lo que más necesitaba en ese momento: sueño y comida. Así que dejé de tomarlo que ¡tenía que aprovechar las 24 horas del día para no dejar pasar nada en el camino!

Lo peor es que el otro día en clase de Defensa Personal tocaba suelo, y con tanto forcejeo se rompió la pulsera…aparte del cachondeo de mis compañeros por mi pérdida de facultades, como si la pulsera fuera el pelo de Sansón, je. Ahora he vuelto a mi Naturaleza, me acuesto a las 1:00, duermo 6 ó 7 horas y voy corriendo a todos los  lados.

Dilema que se me plantea ¿Me compro otra? ¿Aprendo la lección? De momento le he robado a Fran la suya que a él dice que no le hace efecto, y ya os contaré porque con el campo electromagnético de Fran lo mismo me la ha subido unos Herzios y ahora empiezo a cambiar mi mundo de nuevo… ¿quién sabe?