Tendré que preguntárselo a mi hija de 11 años, que le gusta montar en bici y es muy lista.

Hoy he salido a entrenar por el carril bici de Colmenar Viejo (Madrid) y no hemos empezado bien el entreno. Justo abajo, al encender mi Garmin 920XT me he dado cuenta que se me ha olvidado la cinta del pecho que registra las pulsaciones. “Bueno, no pasa nada, voy por sensaciones y ya está”. Pero veo que también se me ha olvidado el móvil, “bueno, voy solo, no pasa nada, además por el carril bici no pasa nada a estas horas”.

“Joder” pues creo que hubiera roto el Garmin por las pulsaciones que debo haber tenido. Tras calentar y cuando me disponía a darle un poco más fuerte justo antes de llegar a Tres Cantos, que hay un par de curvas en forma de “Z” y se cogen rápidas por ser un poco en bajada, me he encontrado a dos puñeteros coches. ¡Menudos cabrones! Por llamarles de alguna manera. Al verme, el primero ha puesto las luces de emergencia y en un estado de “shock flipante”, al pasar a su lado, les he mandado a la mierda. ¡No me lo podía creer! Dos cabronazos me habían jodido la salida, miré para atrás y efectivamente estaban ahí, “atajando” para evitar el monumental atasco de la autopista de Colmenar Viejo.

Sigo mi salida en bici, sin ritmo y me encuentro otro “cabronazo”, bueno, “cabronaza”. Era a la altura del Palacio de Valdés. ¡Esto no puede ser! Igualmente le mando a la mierda y cuando llego a la altura del Hotel Foxá de Tres Cantos, veo que por la autopista va un coche de la Guardia Civil. Enseguida me doy la vuelta y me incorporo a la autopista con tan mala suerte que en ese momento los coches aceleran y veo que se me escapan. Me pongo a tope y llego a su altura. Ellos iban por el carril de en medio y tras mis llamadas bajan la ventanilla y les indico lo que sucede en el carril bici, justo en ese momento llegamos a la altura del tercer coche. En ese momento me di la vuelta, mosqueado, impotente por no tener el móvil y haber grabado a estos subnormales, que no tiene respeto por nada. Me crucé con un par de ciclistas y les pedí que si llegaban a su altura que les grabaran y lo colgaran por las redes sociales.

 

Esta gente que no tiene respeto por nadie, piensa que tiene más derechos que nadie, un día se van a llevar un disgusto. Un día van a tener el Síndrome del Ciclista. Cuando me voy a entrenar, mi mujer siempre me dice “ten mucho cuidado” y yo todo confiado le digo “sí, ya sabes que voy por el carril bici”. Pero es que las mujeres tienen un sexto sentido que nosotros no entendemos. Mi mujer se queda tranquila con esas palabras, o al menos se quedaba tranquila. Yo me iba confiado, pensando mucho en mis hijas, en mi mujer y en el peque que llegará en un mes. Pero alguien puede estropearme la vida o la de los míos, como ya ha sucedido en algún punto de España y es entonces cuando ese conductor “que no quería hacer daño y ha sido sin querer” tendrá el Síndrome del Ciclista. ¿En qué consiste? Sencillamente en que cada vez que vea un ciclista en la calle, o en la tele (vuelta España, tour de Francia…) me verá a mí, me verá como me atropella y cómo golpeó su coche. Me oirá, oirá mi grito, avisándole que me iba a tropellar, y oirá mi grito de dolor al golpearme en el coche. Me verá, verá mi sangre en el asfalto y verá a mi cuerpo tendido, ya sin ido hacer nada para evitarlo y tú sí. Ya no valen los lamentos, ahora, de por vidavida y pensará “si yo no quería hacerlo”. Chaval, el que no quería ser atropellado era yo, pero no he podido, me verás, y ese dolor no será nada comparado con el dolor de mis hijas, con el dolor de mi mujer y de mi hijo, ese que dentro de un mes va a nacer y que no podré ver, gracias a ti.

Desde estas palabras, mi amor y solidaridad con aquellas personas que han perdido a un ciclista en el asfalto.