Este domingo pasado participé en la media maratón de Barcelona. Hacía muchos meses que no competía en una carrera y siempre es ilusionante hacerlo. Como sabéis no venía de un muy buen momento. Las defensas se me habían venido abajo y no acababa de salir de un resfriado sin fiebre, pero sí con mucha tos y mucosidad.

Yolanda Vázquez Mazariego sería mi liebre particular en esta carrera. Ha corrido 19 maratones y no sé cuantas medias. Muchas horas de vuelo en 23 años de hacer deporte. Una veterana de las de verdad.

“Yola, mi cuota de pasarlo mal la tengo ya cubierta por este mes, no quiero sufrir ni un segundo.” Esa fue la consigna que le dije para que no se animara mucho a apretarme. Con el resfriado y sus secuelas no quería ir a por una “marca” por decirlo de alguna manera.

No soy persona de “No pain no gain” (“no sufrimiento no premio”). Es la frase más tonta que he oído. Tengo 47 años y hago deporte no para ser la más rápida de las últimas ni para demostrar algo a alguien. Simplemente me seducen los retos de larga distancia por el hecho de conseguir unir cuerpo y mente en un mismo sentido, es un recorrido especial física y mentalmente que te regala una enorme satisfacción personal cuando cruzas la meta.

Hacer larga distancia está muy bien, cualquier persona lo puede hacer, pero sí que cambia la forma en cómo hacerlo y cómo afrontarlo. Tengo la sensación de que a veces nos dejamos llevar por lo aparente sin considerar los riesgos. Mientras más mejor y si hay más sobresfuerzo más te conviertes en superhéroe. Se actúa como si no importara castigar la salud, nuestra única herramienta válida de verdad que hay que cuidar. Sin salud no somos nadie para afrontar ningún reto. Hacer las cosas bien hechas está mucho menos valorado que batir un “récord”.

Lourdes Torres (derecha) y Yolanda Vázquez Mazariego con su medalla de "finishers"

Lourdes Torres (derecha) y Yolanda Vázquez Mazariego con su medalla de “finishers”

Por suerte no todo el mundo está de acuerdo en hacer las cosas así, a lo bestia. Phil Maffetone es uno de ellos. Y ha sido el entrenador de Mark Allen, el seis veces campeón del mundo de Ironman. Su lema es entrenar con sentido, progresivamente, sin estresar tu cuerpo. De menos a más y siempre consciente de que no podemos forzar. Y él es mi entrenador…¡Qué suerte! Sus consignas relajan un montón y favorecen el disfrute del entreno o de las carreras.

Empezamos a correr a un paso muy cómodo, suave y agradable. Se trataba de eso, de pasarlo bien. A un ritmo de 6:20 más o menos, fácil, lo sé, pero lo importante era ver que las pulsaciones habían bajado mucho con respecto a otras ocasiones. A partir del km 16 empezamos a ponernos objetivos. “Qué tal si pillamos a aquella persona” objetivo cumplido, así sucesivamente. Corrimos esos 5 km cada vez más rápido. Y estos últimos kilómetros ya los hacíamos en 5:10, 5:20. 4:50, 5:00 y ahí es donde pensé y sentí que sí, que vamos bien. Podía hacer en la carrera lo que yo quisiera y la carrera no iba a hacer lo ella quisiera conmigo. Enorme diferencia. Saberte con autoridad y decidir lo que quieres hacer, también está muy bien.

Acabar una media maratón a 5:15 viniendo de un ritmo de 6:20 está muy bien. Lo mejor: ni sufrí ni me sentí agotada en ningún momento. Iba sobrada. Ni el mismo día de la media maratón ni los días posteriores he tenido ningún síntoma de nada. Como si no hubiese corrido la carrera. No he tenido agujetas o los músculos resentidos.

Conclusión: Sí, creo en Phill y en su forma de entender los entrenos. Me estoy poniendo fuerte y no vivo la preparación con el sufrimiento del entreno tradicional.  A mí no me sirve el “No pain no gain” .