Tras haber superado el ecuador del test, inicié la segunda parte con el mismo entusiasmo. Sin embargo, el no ingerir carbohidratos durante esta semana me ha afectado de manera diferente, sobre todo los tres últimos días.

Mi cuerpo empezó a no tener hambre y la cantidad de comida disminuyó considerablemente de forma natural. Incapaz de hacer un desayuno completo tal y como lo venía haciendo hasta entonces. Dos huevos pasados por agua han sido suficientes, añadiendo algún zumo de zanahoria a media mañana. Las comidas y las cenas se centraron en carnes o pescado con verduras crudas o cocidas.

Psicológicamente, empecé a aburrirme un poco de comer carne o pescado con verduras. Ya se me habían agotado las ideas de cómo prepararlos, cocinarlos, combinarlos y me dio un poco de “bajón”, al mismo tiempo que empecé a imaginarme comiendo carbohidratos. Incluso empecé a soñar con lo que me gustaría desayunar el primer día tras finalizar el test: un yogurt con nueces y miel.

El tercer día antes de finalizar el test fue sin duda el más difícil. Me comí un pepinillo macerado y causó estragos. ¡No era consciente de que el pepinillo también contiene carbohidratos! Me sentí débil, desganada y con un sueño profundo después de la comida. Este hecho me hizo ser consciente del impacto del carbohidrato en mi cuerpo, hacer un alto en el camino, pensar, sentir y seguir observándome muy atentamente.

El “two-weeks test” es, sin duda, una herramienta muy útil para evaluar, aunque uno no lo quiera, qué tipo, cuánta cantidad y cómo se deben tomar los carbohidratos.

Otro de los cambios destacados que noté durante la segunda semana fue un cambio en mi olor corporal. Un olor desagradable que venía de los poros de la piel. Esto para mí, sin duda, fue de lo más duro, ya que soy muy sensible a los olores, y oler mal, aunque solo hayan sido unos días, no me gustó nada. Supongo que ni a mí ni a nadie.

Ayer terminé las two-weeks y hoy me he levantado pensando en ese momento soñado de desayunar el yogurt con miel y nueces. ¡Y lo he convertido en un ritual! Lo he preparado como si estuviese preparando “el festín de Babette”. Me he sentado, y he saboreado cada una de las deliciosas cucharadas. Ha sido un “Wualaaaaa” de placer! Me ha sentado genial.

Ahora es medio día y la verdad es que no se me ocurre volver a tomar hidratos, es como si tuviese la cuota cubierta para todo el día, lo que me llama la atención. Apenas tengo hambre, me encuentro bien. Eso sí, tengo que confesar que esta mañana me he comprado un fuet… ¡Sí un fuet! Y a media mañana le he hincado el diente y me ha sabido a gloria pura sin afectarme negativamente.

¿Qué noto tras haber finalizado el test?

Claramente, noto que  ha habido un antes y un después.

Como síntomas más significativos destacaría que los dedos de las manos ya no se me adormecen; tampoco tengo hinchazón en las manos ni en los pies; y por las mañanas me levanto con una destacable energía. En resumen, me encuentro muy bien, mucho mejor que antes del test.

¿Qué diría sobre el “test” ahora que lo he finalizado?

1. Es un test muy inteligente ya que nadie, excepto uno mismo, puede valorar qué alimentos nos sientan mejor y qué cantidad es la que puede procesar nuestro cuerpo de una manera adecuada. Me he dado cuenta que mi cuerpo rechaza de forma natural el exceso de carbohidratos y esto lo encuentro no sólo fantástico sino muy práctico a la hora de adecuar su ingesta a nuestro nivel de tolerancia si nos observamos atentamente.

2. El nivel de energía que he sentido es enorme. Me he dado cuenta de que mi cuerpo no está adormecido por tanto azúcar ingerido de diferentes maneras a lo largo del día.

3. La observación ha sido y sigue siendo clave. Hoy, por ejemplo he ido a entrenar por la mañana y he desayunado dos huevos revueltos, un yogur con miel y nueces con tres fresones, semillas variadas tipo lino, semillas de sésamo, semillas de cáñamo… En el entreno me he encontrado muy fuerte y al acabar la sesión con Tere no me he sentido nada cansada. Nada es nada y os puedo asegurar que una sesión con Tere no deja a nadie como si nada.

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Al volver al despacho he tomado una manzana y al cabo de un buen rato me ha invadido el sueño. Esto confirma la teoría de que durante las 2 semanas posteriores al test los carbohidratos deben introducirse en comidas alternas, nunca seguidas. En este caso, la insulina generada por la ingesta de la mañana se ha sumado a la de la siguiente toma, resultando excesiva para mi cuerpo. Recordemos que hay que introducirlos uno a uno y observar cuidadosamente cómo nos sientan.

¿Alguno de vosotros ha realizado el “two-weeks test”? ¿Cuáles han sido vuestros síntomas?

¡Seguimos!