El trabajo de los músculos lumbares o se ha vuelto rutinario sin control o bien no se hace, no sé cuál de las dos opciones es peor. Lo cierto es que el trabajo de los lumbares presenta mucha más importancia de lo que creemos.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que el trabajo con intensidad y en el banco de hiperextensiones tradicional no es lo más adecuado, además de ser poco funcional y ser una posición propicia para desvirtuar la técnica, no aporta mucha transferencia. La solución es que ya que trabajamos el gran erector espinal, lo hagamos con patrones de movimientos que aporten una trasferencia positiva hacia ejercicios donde actuarán integrados dentro de un movimiento multiarticular exigente como el squat, un ejercicio básico que debe ser practicado pero antes dominado, y una de las adaptaciones fundamentales (si no es la más) es la disociación lumbopélvica, es decir, la flexión de cadera sin mover la columna que permanece estable y extendida como un bloque, solo de esta forma cumplirá su función para elevar las cargas en extensión vertical y sobre todo sin riesgo

Mira esta progresión de ejercicios que te propongo y podrás observar la transferencia desde el primero hasta terminar en el squat. La progresión, además de mejorar la fuerza, consigue inculcar un patrón postural de estabilidad para terminar integrando en el squat o peso muerto.

Si no controlas todos estos ejercicios, no deberías realizar el squat. Y si ya dominas el squat, mejora la fuerza del erecto para “blindar” la zona baja de la columna que suele ser un eslabón débil. Recuerda que el trabajo del core (el erector también forma parte del core) no es tanto cuestión de intensidad, sino de control. La clave es dominar la disociación lumbopélvica.