Siguen existiendo muchos mitos en torno a la psicología y las funciones y roles del psicólogo, tanto en el ámbito de la psicología clínica y de la salud como en el de la psicología deportiva.

Muchas personas siguen asociando psicología y trastornos, psicología y locura, psicología y debilidad, como si fueran sinónimos. El psicólogo es aquel profesional, que formado en una carrera universitaria y apoyado de formación postgrado, como son los másteres o los doctorados, ofrece herramientas y recursos basados en la investigación y la ciencia para mejorar el rendimiento del deportista o el bienestar de las personas.

El psicólogo evalúa, diagnostica e interviene en pensamientos, emociones y conductas, realiza un posterior seguimiento y va reajustando su programa de tratamiento en función de las variables individuales. El psicólogo presta ayuda cuando la persona decide pedirla. Es decir, cuando el deportista o paciente identifica que tiene una necesidad, que no una debilidad, y busca bajo su motivación personal, el cambio.

Un psicólogo deportivo…

NO es el profesional que va a insistir en que tú cambies si tú no lo deseas.

NO es el que va a tomar decisiones por ti. Puede ayudarte a analizar, a ver otras soluciones desde otra perspectiva, pero serás tú el que deba tomar la decisión y responsabilizarte de ella.

NO es capaz de leer tu mente o anticipar tus necesidades. Nadie es capaz de leer pensamientos, de saber cómo es el otro sin que el otro lo narre. No somos mentalistas, somos psicólogos.

– El psicólogo deportivo tampoco va a juzgar tu vida personal, ni profesional, ni tus decisiones. Solo te apoyará en lo que tú elijas. Personalmente, pienso que a los deportistas profesionales se les exigen una serie de valores porque son modelos de conducta para niños. Son la imagen en la que muchos chavales se reflejan. Pero existen otros temas mucho más personales de puertas adentro, que no interesan a nadie. Pero aun así, suelen ser juzgados por cada movimiento que realizan. Ponemos en manos de directores de banco, de agentes de seguros, de fontaneros, de médicos, nuestro dinero, nuestra salud o nuestra seguridad, pero jamás nos interesamos por si están cansados, si son fieles a sus parejas o cómo gestionan sus vidas personales. Así que el psicólogo deportivo debe defender la intimidad de sus deportistas y solo ayudarles a buscar el mejor rendimiento. Nada más, independientemente de cómo lleven y vivan su vida personal. Harina de otro cantar es el que deportista pida ayuda si se ve superado por la incertidumbre o la ansiedad que un problema personal pueda suponerle. Pero debe ser él el que solicite la ayuda, no el juicio de valor de su entrenador, club o familiares cercanos.

El psicólogo deportivo NO es capaz de adivinar ni anticipar cómo te vas a comportar en un futuro. No tenemos esa capacidad de anticipación. No sabemos cómo son las personas hasta que las conocemos en profundidad, como el resto de los demás mortales. Así que puedes hablar tranquilamente con él porque no te está haciendo un escáner mientras mantienes una conversación.

NO trabajará a través de mensajes de NO PAIN NO GAIN. Es un profesional que ha estudiado modificación de conducta, es decir, está formado para poder cambiar comportamientos desde la ciencia, no a través de un mensaje positivo impactante pero vacío de rigor.
Anímate a consultar a personas formadas, con experiencia, con rigor, que antepongan la ciencia a la charlatanería y que estén en continua formación. Igual que no te dejarías intervenir de corazón por alguien que te dijera palabras bonitas, tampoco te pongas en manos de alguien que te promete convertirte en el número uno sin una formación que lo avale.

Busca un profesional que te inspire confianza, sentido común, con quien te sientas seguro, prudente, honesto, formado y discreto. Con quien te sientas cómodo a la hora de compartir tus debilidades y tus éxitos. Alguien que te ofrezca soluciones y te dé herramientas para ir rellenando tu mochila.

Recuerda, la cabeza y las emociones también entrenan y compiten, seas deportista de élite o popular. Cuanto más entrenada esté tu mente, menos dejas a la improvisación después de largas sesiones de entrenamiento físico y deportivo.