Es cierto, los hábitos y la rutina nos dan seguridad, nos ayudan a planificarnos y nos facilitan la vida. Una vez que tienes el hábito, todo sale rodado. Lo difícil es alcanzarlo. Decía Aristóteles que “somos lo que repetidamente hacemos. La excelencia, entonces, no es un acto sino un hábito.”
Un hábito requiere:

1. Un impulso motivador, ¿por qué quieres coger este hábito?, ¿qué sentido tiene para ti? ¿Es algo que te imponen, qué necesitas, que te ilusiona y apasiona? Cuanto mayor sea la relación afectiva emocional con el hábito, más fácil se hará perseverar.

2. Hueco. Trata de sustituir un hábito que desees dejar por uno que deseas adquirir. Por ello debes deshacerte de algo para poder hacerle espacio.

correr-cinta-hombre3. Repite, repite y vuelve a repetir. El cerebro elabora auténticas autopistas, huellas en forma de circuitos, que permiten que una actividad se convierta en hábito. Cuanto más profundo es el surco, más fácil y natural se convierte el hábito. Y esto surcos se nutren de repetición.

4. Divide el hábito si se trata de un resultado complejo. A veces da pereza pensar que se tienen que correr 5 kilómetros. Pero si solo se piensa en salir y rodar o caminar rápido, el cerebro no ve la dificultad, se ve capaz y esto, nos anima.

5. Busca tu horario para empezar el cambio. Dependiendo de nuestros ritmos circadianos, los matutinos y los vespertinos, el ritmo de la pereza también es otro. Las personas matutinas, aquellas a las que gusta levantarse temprano y por la noche a las once están dormidas, suelen tener menor pereza por la mañana. Y ocurre a la inversa con las vespertinas. Son las personas que se concentran mejor por la tarde-noche. Duermen las mismas horas que los matutinos, pero su nivel de atención es mayor por la noche. Son los estudiantes que prefieren levantarse tarde y estudiar hasta las tres de la mañana. Así les cunde más porque se concentran mejor. Para ellos la pereza es menor en ese hopesas-mujerrario.

6. Busca tu momento cómodo. No solo depende de la pereza, sino de que tu agenda y tus horarios te permitan empezar a trabajar en tu nuevo hábito. Si lo introduces en momentos en los que es habitual tener otra prioridad, siempre terminarás por anular tu nuevo compromiso. Y esto al final nos lleva al convencimiento de que no somos capaces. Capaces sí somos, pero no era nuestro momento cómodo. Es preferible introducir el cambio en sábado y domingo en lugar de hacerle hueco entre semana, si al final entre semana terminas renunciando.

7. Ten paciencia. Es un cambio, necesita tiempo, errores y estabilidad. ¿Quieres un aquí te pillo aquí te mato que abandones dentro de unos meses? Imagino que no, que deseas iniciar algo para convertirlo en parte de tu estilo de vida. Así que, despacio.

8. Ten presentes los beneficios. ¿Cómo te sentirás de fuerte, sano, delgado, ágil, capaz cuando hayas convertido correr o nadar en un hábito? Puedes elaborar un mapa visual en una cartulina, un collage, con los pasos que vas dando, la meta final que tienes que alcanzar y vete pegando y escribiendo en ese mapa todo lo que te vaya facilitando y acercando al hábito. Será como diseñar el camino que nos lleva a la meta.

No pienses en los aspectos negativos de no realizarlo. Se sabe que el cerebro se compromete mejor cuando piensa en las ventajas de hacer ejercicio o perder peso que en los inconvenientes de seguir llevando una dieta excesivamente calórica o de no practicar deporte. No tiene beneficios hacerte sentir mal cuando no consigues los logros. Así que no dibujes un futuro desolador “se te descalcificarán los huesos; serás un gordo toda la vida; estarás insana a los 60 años; te dará un ictus”. Meterte miedo no te va a asustar, igual lo consigues dos días, pero al tercero vuelves a tu antigua rutina. Lo que sí funciona es visualizar un mundo mejor en el que tú eres protagonista a través de tus hábitos saludables.

“El denominador común del éxito radica en formarse el hábito de hacer cosas que a los que fracasan no les gusta hacer”, anónimo. Todos somos capaces de cambiar de hábitos.