Empieza el cole y con ello, las actividades extraescolares, las ligas deportivas de niños, y por desgracia, de padres. Porque son muchas las veces en que los padres juegan un papel más protagonista que sus hijos. Tratando de animar y defender el “honor” de sus hijos, jalean, animan, aplauden, gritan, insultan, humillan, faltan el respeto al rival, a los árbitros y sobre todo, sobre todo, se lo faltan a sus hijos y a ellos mismos. Muchos padres son una vergüenza; esos mismos que luego aplauden los valores con los que compite Nadal.

Decía Einstein que “dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás, es la única manera”. Vivimos en una sociedad en la que la fata de respeto, la desconsideración, el egoísmo, la impulsividad y saltarse los límites se ha convertido en lo natural, lo normal y lo regular. No hay más que ver el ejemplo de muchos de los políticos que nos representan. Lo triste es que este tipo de conductas empiezan a normalizarse y a dejar de llamar la atención.

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Por eso hacemos tanto hincapié los psicólogos del deporte en repetir hasta la saciedad la importancia de ser modelos de conducta para nuestros hijos y para los otros niños que compiten.

Por ello, divulguemos una vez más, algunos consejos básicos para fomentar el respeto y la sana competitividad:

  1. Recuerda el motivo por el que tu hijo practica su deporte y compite los fines de semana. Lo hace por diversión, por pasión, porque se lo pasa bien. Y se lo pasa bien incluso cuando pierde porque aprende emociones como la frustración, la cooperación, el compañerismo y el apoyo. Emociones que le sirven para la vida.
  2. Anima desde el respeto. Es tan sencillo como preguntarle a tu hijo, ¿cómo te gusta que te anime desde la grada?, ¿qué necesitas escuchar de mí?, ¿qué comentarios te alegran y motivan? En un equipo de gimnasia rítmica en el que yo trabajé de psicóloga deportiva, fue sorprendente conocer la opinión de las niñas sobre lo que les motivaba y sobre qué comentarios generaban una reacción contraria consiguiendo desconcentrarlas.
  3. No inculques valores antagonistas a los del entrenador y el club. En deporte de formación, se busca y se entrena formar al niño, no entrenar para unos juegos olímpicos. La palabra formar incluye aspectos deportivos, como el sistema de juego, la técnica, la preparación física, pero sobre todo, formar en valores y educar para tener personas de bien. Cada vez que inculcas valores individualistas a tu hijo, como “tira tú a puerta, aprende a ser protagonista” generas en tu hijo confusión con la información que recibe por parte del entrenador. Si no estás de acuerdo con los valores del club, cámbialo de equipo. Pero mientas siga en el equipo respeta las instrucciones que le dan y no intervengas generando incoherencia en tu hijo.
  4. No hagas de entrenador, eres solo su padre. Quien tiene que decirle cómo jugar, en qué posición y qué tiene que hacer, es su entrenador. No le metas presión. Los hijos terminan pensando que solo tienen valor para sus padres cuando juegan según las expectativas de ellos.
  5. Refuerza y felicita a tu hijo por pertenecer a un equipo, por ser buen compañero, por disfrutar de su deporte y por tener un grupo de amigos. No relaciones el elogio con el buen juego, con los goles o la vitoria. Tu hijo tiene valor por sí mismo, no necesita marcar para que su padre o madre se sientan orgullosos de él.
  6. Felicita a todos los miembros del equipo, al árbitro y al rival. Lo mismo que te gustaría a ti que hicieran con tu hijo cuando acaba el partido.
  7. No hables mal de sus compañeros, de su entrenador ni de nadie de la comunidad deportiva. Tu hijo no gana valor cuando tú menosprecias a los demás, ni tus directrices son más valiosas por contradecir al entrenador. Es más, enséñale a hablar bien de su gente.
  8. Controla tus impulsos. Que te emociones y te pongas nervioso durante el partido es normal. A todos nos emocionan las funciones de Navidad de nuestros hijos o verlos competir. Pero no te descontroles en nombre de la emoción. Sé prudente y educado. Sé alguien de quien tu hijo se pueda sentir orgulloso cuando acabe el partido.
  9. Valora sus valores. Su esfuerzo, su entrega, su generosidad. Esos valores son los mismos que necesita para ser una persona de bien, un buen hijo, un buen hermano o un buen compañero de trabajo. Cuanto antes los aprenda, mejor. La práctica deportiva y las competiciones son un medio genial para educarse en ellos.
  10. Ayuda a otros padres más descontrolados, desde la amabilidad y la crítica constructiva, a tener entre todos una comunidad deportiva mejor.

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Si hay algo de lo que nos gustaría es de que nuestro hijos se sintieran orgullosos de tener unos padres y madres educados, que saben estar, generosos y empáticos. Y no alguien que desearían que no les acompañara a sus competiciones deportivas por miedo a que les dejara en evidencia.