¡No insistas, no le apetece!

Tu entusiasmo no es el entusiasmo de los demás. Un error común es querer que todo el mudo pruebe, practique o se implique en lo que tú amas. Intuimos que si es apasionante para nosotros también debe serlo para los demás. Y muchas son las personas que llegan a ser cansinas y machacantes queriendo que las personas cercanas con las que compartan su vida, compartan también sus aficiones. Invitar a alguien a que disfrute de lo tuyo es una conducta generosa. Significa querer el bienestar para otros porque te has demostrado que a ti te produce placer. Pero insistir...

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