Acostumbrados a movernos en coche a todos los sitios, a subir siempre en ascensor, a realizar interminables sesiones de televisión y ordenador, nuestro organismo se verá resentido y debilitado por inactividad física.

A veces pensamos que hacer deporte es algo muy sacrificado que te deja cansado para todo el día, y en realidad es todo lo contrario. Movernos a través de cualquier actividad física cotidiana como ir en bici o andando al trabajo, subir las escaleras de casa o de un centro comercial nos activa el cuerpo para darnos más energía.

 

Al igual que comemos y dormimos todos los días, el ejercicio físico se convierte en otra necesidad fisiológica básica para que podamos funcionar correctamente.

El problema de la inactividad reside en las nuevas tecnologías, que en apariencia nos hacen la vida más fácil, pero que lejos de ello se conjugan a nuestro instinto primitivo de ahorrar el máximo de energías para situaciones de sobreesfuerzo físico, que en la vida del hombre moderno no existen.

Ello nos llevará a un deterioro orgánico. Si comparamos la inactividad con el estrés, que es una reacción de alerta para huir de situaciones de peligro, podemos ver la similitud y es que, si se mantuviera en el tiempo, deterioraría nuestra salud.

Hay quien se siente salvado por ir tres veces a la semana al gimnasio, pero esto no sirve de nada si luego se pasa todo el día sentado. Debemos movernos más de lo que lo hacemos aprovechando las situaciones que van surgiendo en el día a día, aunque algunas nos cuesten un poco de sacrificio “aparente”.

Cuando nos movemos varias veces al día, aunque sea solo un poquito, activamos el metabolismo muchas veces y eso redundará positivamente en nuestra salud y disminuirá la sensación constante de fatiga y pereza que tienen las personas sedentarias.

La gente que hace deporte sabe esto de buena tinta y nos les gusta ni un pelo descansar porque en los días que están sin entrenar se van a encontrar incongruentemente más cansados.


Aclarado un poco por encima nuestra necesidad de ejercitarnos, me gustaría concluir diciendo que hay que “darle a la zapatilla” a la mínima oportunidad que tengamos, y con ello aumentaremos nuestra vitalidad y disfrutaremos más de la vida.

Por MIGUEL ANGEL RABANAL (www.intelligentrunning.es)