Por Miguel Ángel Rabanal San Román

Atrás hemos dejado el dicho de “correr es de cobardes” para convertirnos en auténticos devoradores de kilómetros, como si no hubiera mañana, ¿será que no tenemos otra cosa más importante en nuestras vidas? Seguro que a muchos de vosotros os apasiona correr, y a otros, aunque no os haga mucha gracia, necesitáis correr para demostraros los retos que sois capaces de conseguir.

Hasta no hace mucho correr una media o una maratón ya era una hazaña deportiva suficientemente heroica, pero actualmente eso de correr 21 o 42 km ya no vende demasiado en nuestro ego ni en las redes sociales, y necesitamos embarcarnos en un IronMan, un UltraMan o en Ultra Trails de cada vez más distancia, y lejos de ser más ecuánimes , nos emocionamos y llegamos a hacer carreras de 330 km como la que hizo mi pupilo Carlos en la Tor des Geants (os conté no hace mucho su crónica).

Discrepo bastante en que hacer carreras largas deba ser la meta prioritaria de los deportistas que disfrutan corriendo sin más, preparando de vez en cuando alguna prueba, ya sea de asfalto, trail o triatlón, pues enfrentarse al reto de correr pruebas demasiado largas, va a condicionar la vida de quienes las preparan y no precisamente para bien. Os aseguro que acabar un IM, un maratón o un ultra de montaña aunque puede ser asequible para la mayor parte de las personas con una mínima base deportiva, no es muy saludable de entrenar, ya no solo físicamente, sino también psicológicamente, socialmente, familiarmente…

Si bien, me considero un entrenador bastante especializado en pruebas de resistencia, soy un poco crítico con el tema de jugar a ver “quien la tiene más larga”, porque no se es mejor deportista ni se es más héroe por acabar una carrera por muy larga que sea y en las condiciones que sean. Y os aseguro que se puede morir tranquilamente sin correr una maratón o un Ironman, ¡hay cosas muchísimo más importantes que hacer en la vida!

Tener siempre presente que ¡¡más no es mejor, y mejor es mejor!! Por lo que hay que velar por una vida deportiva de más calidad en la que no hagamos burradas de correr más de 6 horas semanales como he llegado a ver en muchos corredores, que no se dedican a ello y encima están cargados de obligaciones. Debemos primar otros aspectos saludables de la vida como la familia y los amigos, y dejar a un lado eso de obsesionarse con medir quién consigue acabar la carrera más larga, aunque sea a gatas.

Seamos “intelligent-es” y no nos dejemos influenciar por esta fiebre actual del running, en la que hemos convertido algo muy saludable como es correr, en algo totalmente insano y obsesivo.