por M. A. Rabanal y Juan Carlos Santiago

Esta épica carrera se puede considerar como el reto más alto al que se puede enfrentar un corredor de Ultra Trail, ya que hay que completar 330 km con 24.000 m de desnivel positivo por el precioso Valle de Aosta en los Alpes, pasando por todos los picos que lo rodean (varios tresmiles) teniendo como testigos de excepción el Mont Blanc, el Cervino, el Monte Rosa y el Gran Paraíso.

Sus participantes tienen total libertad para decidir cuándo paran, cuándo descansan y cuándo corren a lo largo de toda una semana (150 horas de límite), donde deben que ir completando los puntos de control especiales, llamados “Bases Vida” que pueden ser usados para retirarse y como metas intermedias. Estos dividen el trazado en siete segmentos, pero es el corredor el que decide si descansar o seguir adelante sin parar hasta la siguiente “Base Vida”.

Esta carrera ha tenido un auge espectacular, y no es de extrañar dado el trato exquisito de la organización con su 2000 voluntarios. Destacar que se ha pasado de tener 360 participantes en la primera edición (2010) a los casi 1000 de la presente, y eso que las inscripciones se agotaron en tan solo unos minutos de haber salido.

La Tor des Geants se ha convertido en un fenómeno global, logrando que todo el mundo se fije en el Valle de Aosta y que sean 70 nacionalidades diferentes las que participan en esta épica prueba.

Hace unos días uno de mis pupilos llamado Juan Carlos Santiago, logró ser uno de los 446 finisher, junto con un nutrido grupo de españoles y nos cuenta en primera persona, de una manera muy amena, como fue su experiencia y las vicisitudes por las que tuvo que pasar en su tercera participación en la Tor des Geants:

Con la serenidad de haber estado en otras dos ediciones, me encuentro en la salida de Courmayer (Italia), eso si consciente del reto, que conociéndolo impone más. El pueblo Valdostano empieza a rugir en forma de apoyo moral, cencerros y voces que empujan.

Salimos rápido, como si la carrera fuera flor de un día, nadie se mira y el ritmo subiendo el Coll D´arp es inhumano, con un calor sofocante empiezan los primeros calambres y solo acabamos de empezar, eso sí, el desnivel positivo supera ampliamente el millar de metros, después de coronar descendemos por unos magníficos prados por los que se corre de lujo, pero ¡maldición!, me duele el estómago y lo tengo hinchado, paro en una caseta de pastores y desesperado hago del cuerpo líquido, prosigo sin fuerzas pero pensando en lo largo de la carrera y que espero poder solucionar, tomo en los avituallamientos solamente limón, supero el refugio Deffeyes como puedo y otra vez entre piedrones descomunales antes de la collada, nueva deposición líquida, mi preocupación aumenta, mi rendimiento no es el adecuado y como consecuencia me caigo bajando en un sitio peligroso, con un brazo y una pierna magullados y lo que es peor, un bastón roto, prosigo, mi desgaste agonizante intentando llegar a la primera base vida, donde me curaron con Betadine, y piano piano llego a Valgrisa.

 

Me alimento bien, tomo Salvacolina (medicamento para la diarrea) duermo dos horas, cojo bastón de repuesto y salgo con fuerzas, comienzo a funcionar y recupero ilusiones y fuerza, mi ritmo es bueno subiendo y bajando, supero el terrible Coll de Entrelor y Loson con relativa suficiencia, a pesar de tener 3.002 y 3.299 metros de altitud. Llego a la segunda base vida con la moral altísima, mi mal solucionado y después de dormir, camino alegre en dirección a Donnas, no paro de asombrarme del buen marcaje de los voluntarios de la organización y del apoyo recibido por ellos y el pueblo, llego por fin a Donnas después de unos kilómetros muy trabajosos bordeando el rio, el calor es alto y paro mucho tiempo, duermo y me alimento bien, voy con Miguel, un amigo de carrera compañero de entrenamientos de Mario Ramos, que ha corrido seguido la PTL, la 4K y ahora la Tor, en menos de un mes más de 1000 Km de carrera y cerca de 100.000 de desnivel positivo. Espectacular e inhumano!!

Entre terrenos técnicos abetales y siempre desniveles brutales para arriba o abajo llego a Grissoney. S. J. base vida donde nuevamente me relajo descanso y gano tres horas saliendo al amanecer con frío, pasando por sitios increíbles, pasando no sin gran esfuerzo los kilómetros superando coles y empezando a sufrir en las bajadas, llego a Valtourneche con los pies muy deteriorados, las ampollas en los dedos eran el mal menor, porque la planta la tenia abrasada, aunque me los curan y descanso, me alimento bien y prosigo.

Muy preocupado porque he perdido un par de calcetines y no tengo más calcetines limpios, el tiempo empieza a cambiar y a veces llueve y la complicación viene al coronar Fenetre du Tson, la borrasca entra de lleno, llueve y sopla el viento sin compasión, los banderines están muy bien colocados y resisten carros y carretas, nos refugiamos en un chozo de pastores cuatro corredores, pero reiniciamos la marcha rápidamente porque igual no para y después de mucho esfuerzo llego a un refugio mas bajo donde  duermo dos horas y después como.

 

Mi asombro es máximo porque llega Gilberto que salió al mismo tiempo de la caseta de pastores, y está un poco desubicado, dice “pues si se ha suspendido la TOR no pasa nada”, le digo “no, primero descansa un par de horas y luego reanudas la  carrera”- Yo salgo bajo una lluvia infernal montaña arriba, mis pies se han rendido y el dolor al apoyar la planta es insoportable, subsisto a base de Neurofen y fijación en terminar, logro  llegar a Cunéy donde paro unas 4 horas porque no para de caer  agua y nieve. Entonces lega Gilberto y poco más tarde Carmen, a la que Gilberto acomoda junto a un cañón de calor, pues estamos en una carpa en la que entra el aire y el frío por todos lados, estamos con el material calado, pero nos hemos convertido en un ejército indestructible, no nos va a parar nada ni nadie, (es un convencimiento y somos conscientes de nuestras limitaciones).

Prosigo bajo la lluvia, voy muy lento, no puedo correr ni para abajo, pero sigo, con fuerza, los pies están tan desollados que solo puedo avanzar muy despacio, me pilla Gilberto y va muy bien, después de superar algunos problemas que tuvo al principio. Pasan los kilómetros y llego a Ollomont última base vida, me curan nuevamente los pies, duermo y me alimento, salgo sufriendo de dolor, me quito los esparadrapos, no lo soporto ni con  el Neurofen, pero tengo que acabar y aunque no hago más que perder puestos, avanzo espoleado por el pueblo Valdostano, me gritan “¡Carlos!” al leer el nombre en el dorsal, ¡grande! ¡grandísimo!, ¡bravi!, ¡gigante! todo eso hace que cuando flaqueas, sigas tirando, acabas amando el valle y sus gentes.

Llego a Saint Rhemy en Bosses, voy sin calcetines pues los he tirado de lo sucios y mojados que estaban, pido unos pero como es lógico en el avituallamiento nadie tiene, como y descanso un par de horas, al salir me tenían unos calcetines preparados, mi agradecimiento es inmenso. Salgo hacia Malatrá collado mítico de 2.93 6m y dificultad alta en malas condiciones, voy ganando altura pero muy despacio, voy con fuerza pero los pies me impiden aplicarla, llego al refugio y nieva, como y salgo, la nevada es espectacular, un corredor mas abajo para, clava los bastones en la nieve y saca de la mochila un paraguas y se pone a disfrutar del paisaje. Esto es una demostración de la importancia de momentos mágicos, sin frío, sin aire, a 2.900 m todo era placidez, los copos se posaban lentamente en un silencio total, estábamos en el paraíso.

Me tengo que poner los crampones pues la seguridad en el paso lo exigen y comienzo a bajar, mis problemas no paran de aumentar, dejando la nieve y en barro muy resbaladizo por la pendiente, me caigo encima de uno de los bastones y lo rompo, más dificultad. pero solo me queda una collada que supero sin  bastones pero no sin esfuerzo, pues tiene 2.600m y es toda hacia abajo… Ya me pasan las tortugas y los caracoles a parejas. Llego hasta alguien de la organización que estaba más abajo, colocando banderines de marcaje, me espera para intentar ayudarme, incluso me intenta conseguir un bastón, pero yo le digo que no se preocupe ya no queda mucho y  hacemos kilómetros juntos, le felicito por el marcaje y me dice que han puesto 15.000 banderines y que se los comen las marmotas, así que los esta reponiendo. Le pregunto cómo es que habla tan bien español y me dice que le enseñó un amigo que está en ña carrera. Acto seguido, me enseña una foto del móvil y es Gilberto el Asturiano y él resulta ser uno de los tres jefes de la TOR, le digo “Entonces eres el capo” y sonriendo responde que sí, es Alberto. una persona cercana, amable y trabajadora. Mientras colocaba los banderines atendía las incidencias desde el móvil y me ayudaba al mismo tiempo, me dijo: “tengo que ir a otro valle,  baja despacio por el Bertone y te voy a esperar a la llegada”. Le respondí diciendo que solo podría ir a un ritmo muy lento.

Llegué a las tres horas y allí estaba para darme un abrazo en la llegada, previamente un amigo Argentino que tiene un bar en Courmayeur me sacó una caña para entrar en meta con ella.

 

 

Y por fin, llegó ese momento único en el que toda una aventura se culmina y te sientes totalmente satisfecho, te acuerdas de tu familia y de todo aquello que realmente tiene importancia, larga vida al TOR, sus voluntarios sus organizadores y todo el Valle de Aosta por su gran trabajo.

 

 


Fotos: Gustavo González y Organización Tor de Geants