La final de las Series Mundiales de Triatlón esta madrugada en Cozumel (México) no ha podido ser más dramático. Mario Mola se jugaba el título mundial frente a Jonathan, el pequeño de los Brownlee. La cosa pintaba mal casi en un calco de lo que ocurrió en los Juegos Olímpicos con los hermanos británicos lanzados en la bici y Mario arrancando retrasado la carrera a pie final desde el puesto doce. La victoria de Jonathan junto a un Mola fuera del podio le daba el título al inglés.

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Pero en el último kilómetro, cuando ya nadie lo espera, Jonathan sufre un tremendo desfallecimiento y es alcanzado por el duo que le perseguía el sudafricano Henri Schoeman y su hermano Alastair que iba vigilándole. Mientras Henri se lanza a por una victoria inesperada Alastair toma del brazo a su hermano Jonathan, que está ido, y literalmente lo lleva por el hombro hasta la meta dónde termina por derrumbarse. Mientras Mola remontaba hasta la quinta plaza; los dos resultados unidos daban el título al mallorquín (en mi opinión justo premio a la regularidad durante toda la temporada de Mario) que pasa a heredar la “corona” del gallego Javi Gómez Noya.

Y luego llega la polémica. ¿Debería haber sido descalificado Jonathan por recibir la ayuda de su hermano? De hecho, ¿deberían haber sido descalificado los dos? Está muy claro que el triatlón es un deporte individual pero ¿quién no entiende la actitud del hermano mayor de los Brownlee? Alastair ha demostrado ante el mundo entero que perdiendo la gloria y el dinero que supone ganar la prueba final de las Series Mundiales (que hubiera ganado sin ninguna duda si hubiera sido su objetivo) ha dado prioridad a lo que para él significa su familia. Cierto que esa ayuda exterior podría (y seguramente debería) haber sido castigada pero en mi opinión, gestos como este que engrandecen el deporte y su verdadero valor sólo pueden merecen nuestra admiración.