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Jordan Spieth ganó el US Open de golf hace una semana. Eso no es nada sorprendente en si mismo. Un gran jugador siempre tiene opciones. Pero si le añades que hace poco más de dos meses también ha ganado el Masters de Augusta siendo uno de los 6 jugadores que lo han conseguido en toda la historia del golf ya empieza a ser algo extraordinario. Pero si encima os digo que Spieth sólo tiene 21 años… la cosa ya va tomando tintes de super hazaña, de talento descomunal, de dedicación temprana, de sacrificio de la familia por nutrir y potenciar un niño con capacidades espectaculares que tiene un sueño y que vive y respira por su deporte desde que tiene uso de razón. Pues esto no es así.

Bueno, sí que es así que un chaval de 21 años ha ganado los dos grandes y sí es verdad que adora el golf y que para llegar a ese nivel hay que sacrificarse y dedicarse, pero lo que no es verdad es que Spieth haya conseguido su nivel por una dedicación temprana y exclusiva al golf. Más bien todo lo contrario.

Jordan Spieth se enamoró del golf muy joven. Ya con 4 años estaba dándole a la bola aunque no se puso en serio hasta los 8 que vio el campo de golf desde la piscina del club. Cuando cumplió los 12 años le pidió a sus padres si el golf podía ser su único deporte. Sus padres le dijeron que ni hablar y sólo jugaba al golf en la temporada de verano. El resto del tiempo, Spieth fue pitcher de el equipo de baseball del colegio, quaterback en el equipo de fútbol americano y base en el equipo de baloncesto.

JOrdan Spieth BaseballSi le preguntaban a su madre, Chris Spieth, decía: “No vamos a educar a nuestros hijos para que practiquen un solo deporte. Tienes que permitirles que exploren más opciones… tienes que asegurarte de que se dan cuenta de que la vida es algo más que un solo deporte o un solo objetivo.”

Desde TPI Institute, uno de los centros de inverstigación más prestigiosos del mundo del golf, llegan a la conclusión de que la razón por la que Spieth es capaz de rendir a este nivel a esta edad es la no especialización. Que jugar al baseball le ha dado una capacidad de generar velocidad en su swing que no podía haber conseguido jugando exclusivamente al golf. Que el baloncesto le ha dado un equilibrio, una coordinación y una gestión de la inercia que no podía haberle dado sólo el golf. Y que jugar como quaterback le ha permitido trabajar la gestión de la presión, la precisión y la visión de una manera que no podía haber trabajado sólo con el golf. La conclusión de TPI es que Spieth es lo que es en el golf porque no jugaba sólo al golf.

Llegan las vacaciones de nuestros niños. Y ahora vienen los campamentos, los campus y los planes. Hace un par de años me encontré a un matromonio con su único hijo que se habían tomado dos semanas de vacaciones para que el padre entrenara al niño (10 años) en el campo de fútbol 4 horas al día mientras la madre se quedaba en la piscina leyendo su libro. Un campo de concentración deportiva en toda regla donde el padre se sacrificaba y el niño se entregaba. Me dio tanta pena que tuve que dejar de ir a la zona deportiva para no tener que ver el espectáculo. Y seguro que el padre sabía lo que hacía desde un punto de vista técnico. Y puede que hasta supiera lo que hacía desde un punto de vista físico. Pero lo que no entendía era cómo era posible que ese pobre niño no estuviera jugando con otros niños y se estuviera tragando una pretemporada solo con su padre.

Se nos ha metido el gen competitivo hasta lo más profundo. Muchos ven el verano como la oportunidad de empezar con ventaja el año que viene. Los adultos podemos hacer lo que nos venga en gana. Para eso somos mayores y el que no ha conseguido ser deportista profesional… ya no lo va a ser. Pero nuestros niños, lo que necesitan es jugar, explorar, probar, investigar, disfrutar, compartir, desarrollar otras facetas, evolucionar, fallar y aprender otras cosas. No quiero decir con esto que si está en el equipo de baloncesto haya que dejar el baloncesto en el verano. Ni mucho menos. Lo que digo es que hay que generar el entorno para que prueben otras cosas, para que desarrollen otras habilidades tanto deportivas como físicas y sociales que son las que les van a ayudar tanto en su vida (recordad que sólo 1 de cada 16.000 deportistas consiguen vivir de su deporte) como en su deporte ya que pueden llevarle a dimensiones que no se adquieren con la especialización además de evitar el riesgo del “burn out” temprano.

Así que, este verano… a probar deportes que nos gusten. Si queremos ser mejores en algo, no nos dediquemos con tanta intensidad. Porque, como decía un psicólogo orientado al rendimiento deportivo, para sacar tu máximo potencial, tu deporte “tiene que importarte tanto como para no importarte”.

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