phil jackson zen

Hace unos años que en el deporte de élite se trabaja con psicólogos deportivos. Hace ya tiempo que nos dimos cuenta que, en nuestro mundo, una vez se llega a arriba, la diferencia no está en el nivel técnico, en el físico ni en el táctico. Como decía Rafa Nadal, “cuando ves entrenar a los 200 mejores del mundo, prácticamente no puedes apreciar la diferencia entre ellos”. Es en la competición donde se ve al que es capaz de sacar el máximo a su talento a través una buena gestión de la cabeza.

La manera tradicional de gestionar esa parte psicológica se centra en potenciar que el deportista intente controlar o deshacerse de pensamientos o sentimientos desagradables. Incluso, a veces lo hace actuando de manera que no está alineada con lo que se pretende conseguir con tal de evitar esos pensamientos dañinos.

En verano de 2013, en la Universidad George Mason en EEUU, el prestigioso equipo de baloncesto de la primera división de la NCAA dio un paso más allá. El equipo se sometió a un estudio sobre los beneficios de la intervención basado en la conciencia plena. Ese estudio tenía como objetivo demostrar que un planteamiento enfocado en traer la atención consciente al presente puede ser más efectivo para el rendimiento deportivo que el planteamiento tradicional de la psicología deportiva.

En el ámbito más tradicional, se trabajaba la parte psicológica con charlas de 60-90 minutos para compensar una actividad física intensa. Un psicólogo deportivo se ponía delante de los jugadores a explicar la teoría de cómo gestionar emociones o pensamientos perjudiciales. Durante este tiempo, el deportista principalmente escucha e intenta entender las herramientas que les está ofreciendo el psicólogo con la esperanza de saber utilizarlas adecuadamente en cuanto se dispare la alarma en la competición.

Sin embargo, para trabajar la atencion plena o el “mindfulness”, se optó por incorporar el yoga de forma que sí que había una parte física en la actividad que hacía más fácil crear el equilibrio cuerpo y mente. El experimento se desarrolló durante 5 semanas y se realizaron 8 sesiones de yoga basadas en el Hatha y algunas variantes como el Bikram o Iyengar.

Tras estas sesiones, los jugadores del equipo de baloncesto nos ofrecieron testimonios como estos: “era capaz de ver el juego mucho más despacio” o “reacionaba en competición de manera más eficiente” o “…sentía que estaba maximizando mis movimientos, mi pacacidad de crear juego se multiplicó a partir de desarrollar estas técnicas de respiración…” o “… en el vestuario éramos capaces de sobreponernos a la adversidad y no había negatividad tras las sesiones de mindfuless…”.

La meditación y el yoga en el deporte de élite tampoco es nuevo. Ya tuvimos al maestro Zen (Phil Jackson) implementándolo como entrenador en los Chicago Bulls y más tarde en Los Ángeles Lakers para ganar 11 anillos de campeón de la NBA. Sin embargo, sí que es la primera vez que una universidad con un programa deportivo de primer nivel como la Universidad George Mason lo aplica de manera generalizada con el firme convencimiento de que afectará positivamente a su rendimiento.

Pero… ¿y para el resto de los mortales? ¿Cómo podemos aplicarnos el cuento? ¿puede ayudarnos esto a nosotros en nuestra manera de ver el deporte? Pues no tengo ninguna duda de que eso es así. Tanto si estamos machacándonos y queremos crecer en nuestro rendimiento como si hacemos deporte de manera ocasional como si entendemos que tenemos que hacer deporte pero no encontramos el momento o la energía para hacerlo.

La meditación y el yoga son herramientas que nos ayudan a encontrarnos y a estar en el presente. Esta es la base del rendimiento y la fuente de energía más poderosa que tenemos. Imagino que no es necesario explicar los beneficios para el equilibrio personal de cada uno, pero lo que me parecía interesante hacer ver en estas líneas es que, un apoyo de este tipo puede marcar la diferencia en nuestra experiencia en el deporte independientemente de nuestro nivel de exigencia y de nuestros objetivos.

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