Bradbury gana medalla olímpica para el blog de ángel sanz

Steven Bradbury es un patinador de velocidad australiano que competía en pruebas de corta distancia. Como mayores logros deportivos, cuenta con tres medallas en 5.000 metros relevos en tres Campeonatos del Mundo (1991 (oro), 1993 (bronce) y 1994 (plata)) y una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Lillehammer (1994) en la misma modalidad. Sin embargo, al final de su carrera y contra todo pronóstico, ganó la medalla de oro individual en 1.000m en  los Juegos Olímpicos de invierno de Salt Lake City de 2002. Tras este logro, se retiró de la competición activa para dedicarse a ser comentarista de televisión, participar en competiciones de conducción e incluso en salir en la versión australiana de Mira Quién Baila.

En 2007 fue condecorado con la Orden de Mérito Australiana por ser el miembro del primer equipo australiano en ganar una medalla olímpica y sobre todo por ser el primer patinador australiano en ganar una medalla de oro olímpica en una prueba individual. Ese mismo año fue incorporado al Hall of Fame del deporte Australiano y en 2009 también fue incorporado al prestigioso Queensland Sport Hall of Fame.

Pero ¿no os parece extraño que consiguiera su máximo logro en su último año como deportista? ¿No es raro que se retire justo después de alcanzar la cumbre de su carrera deportiva donde nunca ningún australiano había llegado antes? La verdad es que hay una explicación y os la cuento.

Resulta que Bradbury ya estaba en el ocaso de su carrera. Su máxima aspiración era clasificarse para los últimos Juegos Olímpicos a los que podía aspirar y lo consiguió. Una vez conseguido este objetivo, su única aspiración se convirtió en llegar a la final olímpica donde, por tiempos y por la competencia, no tenía ninguna opción de estar cerca de los puestos de medallas. Y así fue. Consiguió el objetivo de clasificarse para la final. Ya no tenía nada que perder, ya había hecho su particular historia. Con eso ya podía irse a casa contento. Una manera fantástica de acabar una carrera deportiva razonablemente buena para un patinador australiano.

Sin embargo, algo pasó en esa final. Todo fue según el guión. Los favoritos salieron como balas, y él era el último de los 5 participantes. Los favoritos fueron tomando posiciones y él se fue quedando atrás. Todo apuntaba a un final muy ajustado entre los favoritos… hasta la última curva en la que todos los que iban en cabeza se vieron envueltos en una caída múltiple que les llevó al suelo. En esa situación, nuestro Steve Bradbury, que iba a la cola, se libró de los impactos, fue capaz de sortear a todos los compañeros que rodaban por la pista y cruzó la línea de meta para ganar la medalla de oro olímpica.

A partir de ahí, en Australia cuando alguien gana porque algo ha pasado que ha cambiado las circunstancias “normales”, cuando alguien gana de chiripa o cuando se tiene un éxito inesperado causado por la desdicha de otros, se dice que esa persona “ha ganado a lo Bradbury”.

La persona que me contaba esta historia me decía que, si a él le hubiera pasado esto, creía que habría devuelto la medalla y que no sabe si podría llevar bien eso de que en todo tu país utilice tu apellido para referirse a tener éxito por casualidad o por los males ajenos. Y la verdad es que entiendo lo que dice pero, si lo miro con perspectiva, no estoy de acuerdo.

Bradbury es un ejemplo de que lo importante es mirarse a uno mismo y hacer o que toca hacer, cuando toca hacerlo. Es un ejemplo de que tenemos que centrarnos en lo que depende de nosotros y no en los demás. Es un ejemplo de que nuestro objetivo debe ser dar nuestra mejor versión en cada momento aunque el resultado previsible no sea una victoria. Porque el resultado es importante, pero no es lo más importante. Porque lo que hacemos no debe estar motivado por lo que perciban otros o por circunstancias que no podemos controlar como que otro vaya más rápido que nosotros. Es más importante lo que nosotros percibimos de nosotros mismos y que nos centremos en cumplir nuestros objetivos y no los de terceros.

¿Significa eso que nos olvidemos de ganar, que descartemos la victoria o logros extraordinarios?. ¡Ni mucho menos!. Por supuesto que hay que ir a muerte a ganar. Pero también hay que ser realistas y no frustrarnos cuando alguien mejor que nosotros, con más talento, más capacidad o más medios nos gana. Lo normal es que eso sea así. Aunque también, en el momento en el que no damos todo lo que tenemos dentro, en ese mismo momento ocurren dos cosas. Por un lado hemos dejado que el otro gane con menos esfuerzo y por otro hemos decidido perder. Y todo esto antes de competir.

La inmensa mayoría de nosotros no estaremos en disposición de ganar una medalla olímpica pero todos nosotros estaremos en una situación parecida en nuestra práctica deportiva, nuestros trabajos o nuestra vida personal en la que la teoría de Bradbury es aplicable. Y no dar lo máximo simplemente es traicionarnos a nosotros mismos. Pero muchos somos capaces de asumir esa auto-traición y perdonarnos porque no tenemos que contárselo a nadie. Y así lo llevamos razonablemente bien.

Pero ¿lo habéis pensado al contrario?. Aprovechar la oportunidad de dar el máximo es practicar con un ejemplo que perdurará. Es marcar un estilo que van a tomar nuestros colegas en el trabajo, nuestros amigos, nuestra competencia, nuestros compañeros de deporte nuestros familiares y nuestros hijos. Y creo que no darlo no es una opción, porque depende de nosotros y no hacerlo sería un acto egoísta no tanto por el beneficio propio de escaquearnos sino por perder la oportunidad de aportarlo a los demás.

Así que os propongo que cambiemos el sentido de la expresión “hacer un Bradbury” y que la asimilemos como dar el máximo aún cuando las posibilidades de ganar sean remotas. Porque en ese caso, “hacer un Bradbury” sería algo que todos deberíamos integrar en nuestro día a día con orgullo. Puede que no consigamos nuestra medalla de oro particular y no se alineen los planetas como le pasó a nuesto héroe en 2002, pero lo que es seguro es que alcanzaremos el nivel para estar en nuestros propios Juegos Olímpicos.

Sígueme en Twitter

Os dejo el vídeo de la final en la que Bradbury ganó su medalla