ser-o-no-ser

Este fin de semana he estado inmerso en eventos familiares, disfrutando del buen tiempo, de un ambiente inmejorable, de buenas conversaciones, de buena comida, del campo, de la piscina… en fin, que me lo he pasado genial, he descansado y he desconectado. Sin embargo, en una de estos momentos que son inevitables, algún niño pequeño ha hecho una trastada y alguien le ha dicho: “¡Niño, eres tonto!”.

Tampoco es para tanto ¿verdad?. Es algo muy común y ni siquiera es un insulto pasado de tono. Pero lo que me llamó la atención no es la palabra “niño” ni la palabra “tonto” sino la palabra “eres” que es una conjugación del verbo ser. Cuando se es algo, no se puede dejar de serlo porque el ser va en la esencia. Se es alto o bajo (según referencias claro está) y siempre se es alto o bajo. Alguien dice que es padre o madre y siempre lo será mientras se cumplan los requisitos. Se es rubio o moreno y siempre es así aunque seamos un rubio teñido.

El ser no varía en el tiempo. Y cuando queremos decir algo puntual, una característica que se aplica en ese mismo momento, utilizamos el verbo “estar” de forma que, en el ejemplo del fin de semana debería ser “¡Niño, estás haciendo el tonto!” o como decimos en Extremadura “¡Niño, estás tonto!”. La diferencia es importante. En la primera, tenemos a un tonto eterno y en la segunda tenemos a un niño que simplemente está siendo travieso en ese momento. En la primera es un insulto más profundo e hiriente y en la segunda es una llamada de atención por un comportamiento puntual. La primera no tiene arreglo y la segunda sí.

En inglés el verbo “to be” se traduce en al español como “ser o estar”. Ellos no diferencian entre los dos significados en el verbo. Lo hacen en el contexto. Pero es que la anglosajona es una cultura de acción en la que los hechos definen la esencia. En la película Forrest Gump, el protagonista contaba que su madre le decía “…stupid is who stupid does” que nosotros hemos traducido como “tonto es el que hace tonterías” pero nos ha faltado incluir un “todo el tiempo” al final de la frase.

Otro ejemplo lo vi hace poco en una entrevista a Tiger Woods en el que le preguntaban sobre la responsabilidad y las ventajas de ser golfista a lo que Tiger respondió: “golf es lo que hago, no es lo que soy”. Me encantó ver un tío que es referencia mundial en lo suyo marcando distancia y poniendo las cosas en su sitio. Haciendo ver al mundo que lo más importante para él no es su golf, no es aquello por lo que le conocen mundialmente, sino que es su esencia como persona la que le mantiene firme y sobre la que construye.

Nosotros en español sí que diferenciamos el verbo ser del verbo estar aunque a veces nos liemos un poco. Y cuando utilizamos el verbo ser lo hacemos para refererirnos a algo más global, algo que perdura en el tiempo, algo que es más profundo, algo que no es puntual, algo que es recurrente, algo que es de verdad, algo que no se puede evitar… Por eso nosotros, si decimos que alguien es deportista, no lo decimos sólo porque se vaya a correr de vez en cuando. Cuando decimos que alguien es deportista es porque lleva integrada la esencia del deporte en su ADN.

Cuando decimos que alguien es deportista, por supuesto queremos decir que hace ejercicio, o que cobra dinero por hacer deporte. Hay mucho más. Un deportista vive su vida teniendo en cuenta los valores del deporte. Un deportista es generoso. Un deportista entiende el esfuerzo como necesario para crecer. Un deportista entiende que necesita un equipo (aún en el deporte individual). Un deportista practica con el ejemplo. Un deportista entiende que el éxito es cuestión de trabajo diario. Un deportista acepta el error como parte del proceso de aprendizaje. Un deportista sabe que no lo sabe todo. Un deportista sabe ganar y sabe perder. Un deportista lo transmite a su familia. Un deportista es sano de cuerpo y de mente. Un deportista intenta dar lo mejor de si en cada ocasión. Un deportista entiende el “fair play”. Un deportista cumple las normas y respeta la autoridad. Aunque también, un deportista intenta cambiar las cosas cuando no le parecen bien, porque un deportista no deja de luchar hasta que cumple su objetivo. En resumen, un deportista practica la deportividad en todos sus ámbitos y de manera recurrente.

No es lo mismo un deportista que alguien que hace deporte. Porque un deportista hace deporte pero no todo el que hace deporte es deportista. Y ahora es el momento en el que deberías preguntarte: ¿Tú eres deportista?

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