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Este fin de semana he abierto oficialmente la temporada de Reebok Spartan Race y ha sido en el Parque Olímpico de Múnich. La idea era que fuera un aperitivo de lo que está por llegar en España. En Alemania sólo se celebraba el modelo más accesible que se llama Sprint y que consta de unos 5 km y al menos 15 obstáculos. También existen el modelo Súper (+13km y al menos 20 obstáculos) y el modelo Beast (+21 km y al menos 25 obstáculos) pero eso son palabras mayores. El planteamiento de este fin de semana era tener esta experiencia, ver mi nivel físico después de unas semanas de entrenamiento y sacar conclusiones para ajustar la planificación y la preparación para la carrera de Madrid a final de mayo.

El caso es que ha sido una carrera interesante, más dura de lo esperado y en un entorno súper especial. Correr por el estadio donde se celebraron los Juegos Olímpicos de 1972 para enseguida meternos por un entorno muy exigente y casi agreste, lleno de árboles, barro y agua ha sido una especie de montaña rusa emocional en una carrera bastante corta que, por otro lado, estaba diseñada para darnos la impresión de que era mucho más larga. Esta carrera de Múnich era mi sexta Spartan. Así que puedo decir que ya tengo algo de experiencia en esto. Sin embargo este fin de semana ha sido especial y no he entendido porqué hasta que le he dedicado un momento a pensarlo y sacar conclusiones.

En primer lugar, iba pensando que iba a ser un paseo. Que estaba bien preparado y no me iba a costar nada. Iba confiado en mi entrenamiento y tranquilo. Pues resulta que he descubierto que cualquiera de estas carreras te puede sorprender. Te puede sorprender por el diseño del recorrido, por el clima, por algunos de los retos o incluso por los compañeros que llevas que pueden variar la dinámica de la carrera. Este ha sido mi caso y cuando he sentido que la carrera se ponía un poco cuesta arriba desde el principio… automáticamente se me ha hecho mucho más larga y me ha obligado a estar en el presente.

En segundo lugar, me he dado cuenta de que la carrera se empieza a correr unos días antes cuando esperas con emoción a que llegue el momento de la salida. Hasta hora, miraba las carreras de este tipo con emoción y con ganas. La preparación era concienzuda y me organizaba alrededor de ella. Esto hacía que mantuviese altos los niveles de adrenalina, y previsualizase lo que me imaginaba que iba a pasar. Este fin de semana casi me ha pillado por sorpresa. Mucho trabajo que no me ha permitido disfrutar del proceso y ha provocado que me descubriera a mi mismo en el aeropuerto prácticamente sin darme cuenta.

Y en tercer lugar, el viaje en si mismo ha hecho que me sumergiera en el estado adecuado para sentirme “espartano”. Me explico, el rollo espartano pretende transmitirnos un estilo y una filosofía vital. Creo que eso es lo que hace que esta carrera tenga tanto éxito y esté creciendo en todo el mundo. Esa filosofía se centra en el concepto de equipo, de entrega, de tomar cada obstáculo de uno en uno según tengas que enfrentarte a él, de prepararte para lo inesperado, de mantener altos los niveles de energía, de enfocarte en lo importante, de cuidar tu cuerpo, de exigir pero por otro lado de agradecer, de ayudar, de estar disponible, de conocer nuestros límites y nuestras fortalezas y de mantenerse firme a nuestras creencias y nuestro estilo. Esto es lo que se ha transmitido en este viaje.

IMG_9426Todos los miembros del equipo que hemos ido a correr entendíamos que no era cuestión de ganar la carrera ni de probarnos cada uno. Esta carrera era cuestión de hacerla juntos disfrutando con nuestro sufrimiento y esto se notaba desde que nos vimos en el aeropuerto. Os pongo un ejemplo. Nos hemos organizado para quedarnos en un hotel Ibis. No lo había hecho antes pero resulta que es de lo más “espartano” que podíamos encontrar. Por un lado está centrado en lo importante que en nuestro caso era descansar y estar cómodos. La sensación es que no se gastan recursos en ninguna otra cosa que no sea lo esencial. Que tienen claro cuáles son las cosas importantes (que para nosotros era estar bien alimentados y descansados) y cuáles no (nosotros no necesitábamos grandes lujos). Cuando tienes la sensación de que estás invirtiendo tus recursos  (dinero, tiempo y energía) justo en lo que necesitas, estás siendo consecuente con la filosofía que al final te lleva a hacer la carrera. Lo mismo en el resto del viaje, en las actividades que hicimos, en la forma de viajar y en el propio planteamiento de día en el momento de la carrera. Durante el fin de semana se respiraba tranquilidad y una sensación de que estábamos disfrutando juntos cada minuto. Todo estaba alineado.

Como podéis comprobar, este fin de semana ha sido especial. Y otra vez el deporte haciendo que esto ocurra. Es una de las razones por las que es tan importante en nuestras vidas. Nos hace vivir cosas que van más allá de hacer ejercicio. Este fin de semana he aprendido que algo tan simple como una carrera no es simplemente una carrera. La carrera es la excusa para que pasen cosas y es tan importante hacer la carrera como prepararte para la carrera. Y cuando hablo de prepararte no hablo exclusivamente del entrenamiento. Cuando hablo de prepararte hablo de elegir bien las personas con las que quieres compartir esta experiencia, hablo de organizar bien la logística del viaje y  hablo de realizar la planificación de forma que sea consecuente con el “rollo” que vamos a llevar.

Imagino que si se hace el Camino de Santiago y se va haciendo en coche y durmiendo en hoteles de 5 estrellas, pegándote comilona tras comilona, se disfruta la mitad de la mitad. Será una experiencia divertida pero nada que ver con lo que es el objetivo del Camino. Pues en esto lo mismo. Nuestro “rollo” iba de hacer una carrera espartana y así me he sentido desde el viernes. Porque lo importante para mi este fin de semana, realmente no era hacer la carrera sino vivir la experiencia más pura que pudiera para crecer un poquito más. Aunque tengo que confesar, que eso es algo que he descubierto al volver, cuando la suma de todas estas pequeñas cosas me han hecho entenderlo con claridad cristalina.

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