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En el mundo de la empresa se ha puesto muy de moda el Coaching como herramienta muy útil para sacar el máximo provecho a los ejecutivos y los directivos de forma que se aumente el rendimiento. Es más, se ha puesto tan de moda que se empieza a sentir una cierta inflación de “coaches” que hace que, en algunos casos, pierda credibilidad. En el ámbito deportivo, esto ha evolucionado hacia otra herramienta llamada Mentoring Deportivo cuyo objetivo inicial es sacarle el máximo provecho al talento de manera recurrente lo antes posible. La principal diferencia entre el coaching y el mentoring es que el coaching se centra en el trabajo mientras que el mentoring se enfoca en la carrera. Un deportista puede tener un Entrenador Técnico (Head Coach), un Entrenador Físico (Physical/Strength Coach) y hasta un Psicólogo Deportivo (Mental Coach) que le ayude a ser mejor en cada una de esas facetas. Sin embargo, un mentor estará siempre enfocado a su carrera antes, durante y después de su etapa deportiva.

Una característica curiosa del mentoring deportivo es que, de las 12 dimensiones diferentes que trabaja, sólo 4 de ellas (entrenamiento de calidad, condición física, herramientas y juego interior) son específicas del deporte en concreto. Las otras 8 (juego mental, filosofía, recuperación, estudios/negocios, relaciones, nutrición, instrucción, técnica/habilidades) son generales para cualquier persona, sea deportista o no. En resumen, para sacarle el máximo provecho al talento deportivo se tiene que trabajar más en temas no deportivos que en los propios específicos del deporte. Esto tiene cierto sentido, ya que estamos de acuerdo en que sólo el talento no es suficiente para alcanzar el éxito deportivo. Es necesario trabajo, disciplina, motivación, compromiso, habilidades, hambre, propósito, conocimiento y muchas otras “armas” que son las que utilizaremos para que ese talento valga para algo.

Si nos salimos del ámbito de los deportistas de élite, todo esto es perfectamente exportable a cualquier mortal como tú o como yo. Si alguien es disciplinado en su trabajo, normalmente lo será también en la práctica deportiva. Si es detallista, si le gusta registrar su avances, si tiene método, si trabaja por objetivos, si es obsesivo, si le gusta trabajar sólo o en equipo, si es perezoso, si disfruta de cualquier actividad, si es competitivo, si se estresa, si se lleva al límite, si le atraen los retos o si se escaquea… si es así en su trabajo o en su casa, lo normal es que lo lleve también a la actividad deportiva que practique. Por eso, al final es importante conocerse a uno mismo para ajustar nuestra práctica deportiva a nuestras características.

Aunque también podemos mirarlo desde otro prisma; podríamos ver esto como una oportunidad para ser mejores, más completos y ajustar nuestra práctica deportiva en función de nuestro desarrollo personal. Podemos ser mejores deportistas no sólo porque entrenemos más o mejor. Podemos ser mejores deportistas si crecemos personalmente. Tenemos que alimentar bien el cuerpo a través del sesiones de entrenamiento más eficaces. También podemos mejorar mucho si comemos bien y le damos el combustible perfecto. Pero lo que a veces no tenemos tan claro es que nuestro salto de calidad en el rendimiento viene también por nuestra capacidad de adquirir cierto nivel intelectual y mental que nos permita entendernos mejor y sacarnos más provecho. Para esto es clave mantener altos niveles de curiosidad y tener acceso a recursos para alimentar esa curiosidad.

Sobre lo primero, principalmente depende de nosotros mantener viva esa actitud de aprendizaje continuo, de querer ser mejor, de descubrir cosas nuevas, de experimentar, de interesarnos por temas aparentemente ajenos a nosotros, de abrir la mente y de salir de nuestra zona de comfort de una manera proactiva y consciente. Si realmente entendemos que la curiosidad es importante, lo demostraremos con nuestras acciones. Como dice un cartel que me encontré el otro día, me encanta “que la curiosidad me mate”.

Pero sobre lo segundo, quería compartir con vosotros una fuente inagotable de alimento para nuestra curiosidad. Se llama TED. Quizás algunos ya lo conozcáis pero es probable que otros no. TED es una organización sin ánimo de lucro que organiza una serie de conferencias que se van dando por todo el mundo en las que personas muy genuinas e inspiradoras nos iluminan con ejemplos e historias que marcan la diferencia. Como reza su lema, son “historias que merecen la pena ser contadas”. Aquí he encontrado charlas espectaculares, historias increíbles, personajes irrepetibles y teorías fantásticas que me han marcado, me han hecho mejorar y abrir mi mente. Un director de orquesta (Benjamin Zander) haciendo que nos interese la música clásica a aquellos que no nos gusta, un niño (Logan LaPlante) hablando de “hackschooling”, un mimo que se convirtió en una cantante de éxito (Amanda Palmer) revolucionando el crowfunding, un poeta (Shane Koyczan) que ha generado un movimiento mundial en contra del “bullying” en las escuelas, una artista (Candy Chang) que redecoró Nueva Orleans tras el huracán Katrina, una escritora (Elizabeth Gilbert) que nos acerca a la creatividad, un experto en educación (Sir Ken Robinson) que nos habla de cómo las escuelas matan la creatividad o un experto (David Epstein) que nos habla del gen deportivo.

A veces estas cosas parecen que son ajenas a nosotros, que están lejos y que sólo tenemos acceso a ellas por Youtube. Pero otras veces tenemos la suerte de que estas oportunidades las tenemos accesibles aquí al lado. Eso es lo que va a pasar en unos días en Madrid donde organizan el TEDxMirasierra que nos dice que el cambio somos nosotros. En su día tuve la suerte de participar en una de estas charlas y formar parte de la familia TED que me permitió lanzar un mensaje para Reimaginar el Deporte. Os la dejo porque creo que os puede ofrecer una idea del por qué escribo lo que escribo y que, cuando hablo de propósito, lo tengo especialmente presente.

Para mi ha habido un antes y un después de conocer este pozo de inspiración tanto como ávido consumidor de TED “talks”, como asistente o como conferenciante. Pero ese después no sólo tienen que ver con el impacto mediático o de credibilidad. Ese después tiene que ver con que, siendo consecuente, ha coincidido con mi mejora física y mental que me ha hecho volver a ser un mejor deportista. Porque, para que tenga sentido la frase mens sana in corpore sano, tenemos que empezar con la mente.

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Aquí va mi “Ted Talk”

[flash https://www.youtube.com/watch?v=r4-RFgQsgE4]