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Estas semanas he estado presente en varios foros, participando en diversas actividades y me he visto envuelto en conversaciones en las que el denominador común es lo importante que es el deporte para la sociedad. El deporte como herramienta educativa, el deporte cómo manera de desarrollar cuerpo y mente, el deporte como vínculo de unión, como lenguaje universal… en fin… el deporte con todos los beneficios que ya conocemos o intuimos.

Yo todavía no he oído a una madre o a un padre que diga: “¡No!. No quiero que mi hijo practique deporte. Es malo para él”. El otro día leía otra frase muy chula que decía: “”Me encantaría no haber entrenado hoy”… dijo nadie, nunca”. Parece que es unánime la teoría de que el deporte es algo que aporta mucho a nuestra sociedad y que cuanto más integrado esté, mejor. Así que, si os parece, vamos a entender que es así.

Sin embargo, y lejos de ser catastrofista, parece que no somos coherentes con esta realidad y lo del deporte no lo tenemos tan claro. Haced la prueba. Preguntad a la primera persona que veáis cuál es la primera imagen que les viene a la cabeza cuando le dices la palabra deporte. Comprobaréis que en nuestro entorno, cuando se habla de deporte, una inmensa mayoría piensa inmediatamente en fútbol, en el Real Madrid o el Barcelona y en Ronaldo o Messi. Es inevitable. Es el deporte rey y estamos invadidos, pero la realidad es que esto lo hemos creado nosotros. Y se perdonan u olvidan agresiones, malos ejemplos, referencias horribles, se crean mitos irreales, se pagan millonadas a chavales de 16 años, se fabrican héroes… y nosotros lo aceptamos convirtiéndonos en cómplices necesarios. Se nos inunda con información futbolera todo el rato porque es lo que demandamos.

Pero no vamos a quedarnos ahí. Vamos a la otra cara de la moneda. Empecemos por los colegios donde la asignatura de Educación Física necesita un ajuste real que trascienda la simple práctica deportiva. Donde nos quedamos en la superficie de lo que el deporte puede aportar. Donde tenemos dos horas a la semana y ninguna en bachillerato. Decimos que el deporte es ejemplo, que nos ayuda a desarrollar competencias y valores que estamos demandando en el ámbito laboral y resulta que una de las herramientas más poderosas que tenemos para hacerlo la infrautilizamos. La clase debería llamarse deporte, y enseñar la esencia que tiene, lo que llamamos Deportividad donde la Educación Física es una parte. Pero es lo que hemos aceptado y seguimos dándole más importancia a las matemáticas o a las ciencias.

Siguiendo por ese camino, llegamos a las actividades extraescolares, que no entiendo por qué son “extra” pero eso es harina de otro costal. Resulta que uno de los grandes problemas que tienen es que muchos padres apuntan a sus hijos para que practiquen deporte pero no quieren que compitan porque el fin de semana tienen otros planes y no quieren estar liados con llevar a los niños y fastidiar su descanso o sus rutinas. Así que le quitamos una de las partes esenciales de la formación deportiva: la competición. El sitio donde culmina un proceso de preparación. El lugar donde se alcanza el objetivo, la consolidación del trabajo. El refuerzo, la adrenalina, la conexión espectacular con los compañeros… El desarrollo deportivo a cierto nivel se separa de los colegios y se orienta a los clubes que no tienen ningún interés en el desarrollo educativo… ¿Y luego queremos que nuestros hijos no sean unos blandos?

Por último llegamos a los patrocinadores (públicos y privados) que en teoría compran el modelo de ayuda y desarrollo, que se quieren subir al carro de contenido relevante con vínculo emocional pero que siguen mirando sólo los GRPs (impactos publicitarios) y por tanto sacrifican la esencia del patrocinio por el rendimiento económico medido en impactos. En su mayoría se posicionan como un actor necesario para que ocurran los eventos, los programas o las acciones pero no toman la riendas (salvo honrosas excepciones) a efectos de hacer que ciertas cosas pasen, que ciertos comportamientos no se permitan o que ciertos mensajes lleguen alto y claro. Sólo en situaciones extremas tipo el doping de Lance Armstrong o las infidelidades de Tiger Woods, toman medidas firmes y sólidas. ¿Nos vamos a creer luego que la inversión la hacen por los valores y por generar un impacto positivo?. Yo sé a ciencia cierta que en algunos casos es así, pero no es la norma y, además, el mercado en general no lo percibe de esa manera.

Así que, tras este análisis bastante somero y en diagonal, he estado pensando en nuestra postura como sociedad y la puedo resumir con esta frase: ¡Que se joda el deporte!

Porque si nos importara el deporte, haríamos que pasaran cosas. Tomaríamos una actitud mucho más proactiva y convertiríamos en norma lo que ahora es excepción. No tendríamos que estar peleando como gladiadores por medidas con todo el sentido del mundo como la de la distancia de 1,5 metros para los ciclistas o una formación alimenticia en condiciones en los colegios. Nos interesaría el deporte por lo que nos aporta en nuestras vidas, tendríamos una cultura deportiva más profunda, nos merecería la pena hacer esfuerzos para que nuestros hijos se eduquen. Ni nos plantearíamos insultar como salvajes en los partidos de nuestros hijos o en el estadio de fútbol delante de ellos porque parece que allí está todo permitido. Tampoco permitiríamos que lo hicieran otros. Aplicaríamos la deportividad en todos los ámbitos, cuando ganamos o perdemos en un simple juego de mesa o cuando a algún compañero le dan el ascenso que nosotros queríamos. Entenderíamos que el respeto es la base de las relaciones con los que nos rodean. Dejaríamos de decir que la culpa de todos nuestros males es de los árbitros porque entendemos que es más importante mantener el respeto a la autoridad que tener razón.

Pero entiendo que esto es mucho pedir. Entiendo que en el mundo tan competitivo en el que estamos, quizás es una posición demasiado “naïf” o inocente. Claro, es mucho mejor esperar que lo hagan otros y nosotros seguir como hasta ahora ¿no? Ya actuaremos más adelante en función de cómo les vaya a los demás. Es mucho mejor que lo hagan con políticas desde el gobierno, las instituciones que para eso las pagamos con nuestros impuestos. O los colegios que para eso su trabajo es educar. Lo de apoyar su labor desde casa lo haremos sólo si lo consideramos conveniente y si el esfuerzo no implica salir de nuestros hábitos o nuestros intereses a corto plazo. O que lo hagan las corporaciones que para eso somos sus clientes y siempre tenemos razón. En fin…. que lo haga cualquiera menos nosotros. Pues me temo que así… no vamos a ningún sitio.

Está muy bien decir que las cosas nos importan. Y es probable que sea así. Pero la pregunta es: ¿nos importa lo suficiente? Porque la diferencia entre que nos importe o que nos importe lo suficiente es que en el primer caso hablamos de ello mientras que en el segundo, hacemos algo al respecto.

Os propongo un ejercicio muy simple: pensad una cosa que creais que podais hacer para mejorar el impacto del deporte en nuestro entorno y simplemente hacedlo. Por ejemplo, hablad con el entrenador o el responsable de la escuela deportiva de vuestro hijo y plantead un escenario donde se pueda utilizar el deporte para educar además de competir. Que se definan unas reglas de comportamiento para padres en las gradas. Proponed una hora a la semana de deporte en familia, escribid o comentad cada semana lo que cualquier deporte en la tele nos ofrece como mal ejemplo para, al menos utilizarlo como muestra de lo que no hay que hacer. Ayudad a entrenar a un equipo de niños.

Otra cosa que podéis hacer es incorporar a gente a la práctica deportiva. Sed generosos. Dedicad vuestro tiempo y vuestra energía a quien lo pueda necesitar. Hay muchos que no empiezan porque no saben ni cómo ni con quién. Apoyad una campaña de movilización pro-deporte que ya esté en marcha. Si sois patrocinadores, invertid una parte pequeña del presupuesto en una historia que aporte impacto positivo más allá del impacto mediático. Si sois deportistas con capacidad de crear impacto importante, ni que decir tiene que vuestro ejemplo puede generar un movimiento brutal hacia la dirección que queráis. Simplemente aseguraos que lo hacéis en la dirección correcta.

Dicen que si todos los habitantes de China se pusieran de acuerdo para dar un salto al mismo tiempo, la tierra notaría la sacudida. Lo mismo aquí. Literalmente existen millones de acciones que podemos tomar para demostrar que el deporte nos importa más allá de comentar la insustancialidad del resultado del partido del domingo, los rumores de traspasos, el nuevo peinado de cualquier jugador o la novia del deportista de moda. Por tanto, esta semana tenéis la oportunidad de demostraros a vosotros mismos si el deporte os importa o si el deporte os importa lo suficiente. Estáis a una acción de distancia. Si no se os ocurre ninguna, ¡ya os propongo yo!. He implementado la mía hoy mismo. Si queréis os la cuento por Twitter.

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Os dejo un vídeo en el vais a poder ver la diferencia entre tomar acción o no. ¿Con qué tipo de actitudes os sentís identificados? ¿Estáis en el modo “que se joda el deporte” o “vamos a ayudar al deporte”?

[flash https://www.youtube.com/watch?v=rvfmiy1USpo&index=193&list=PLtpeM89k6YUWMHJ1jnkZiQK7P4xQPmzWX]

Pd: Hay también mucha gente que está haciendo cosas muy buenas por el deporte y a la que sólo puedo agradecer su dedicación.