timthumb.php

Ya sé que el título de este post es un poco radical y más en un sitio como éste pero dejadme que os lo explique. Peso casi 100 kilos. Mover esa “masa corporal” de un lado a otro con cierta velocidad es trabajoso. He sido jugador de baloncesto y eso de correr sin tener una pelota a la que perseguir, un contraataque que culminar o un tío al que defender… no lo llevábamos muy bien. Prefiero mil veces los esfuerzos intensos y cortos que los moderados y largos. En fin, que para un tío como yo, correr no suele ser especialmente atractivo.

Además, yo personalmente soy de ir bastante al grano y no dar rodeos. Nada de chorradas. Directo a lo importante y en el menor tiempo posible. En esto de hacer ejercicio, me pasa lo mismo. Prefiero hacer series que tiradas largas. Y dentro de las series, prefiero las de 200 metros que las de 400 metros. Y las de 100 metros que las de 200 metros. Prefiero un circuito intenso y rápido que una sesión de entrenamiento larga y profunda. Os hacéis una idea, ¿verdad?.

Pues cuando a un tío como yo le planteas correr por correr normalmente te mira como si le estuvieras proponiendo ir a trasplantar cactus sin guantes. Odio correr. Sin embargo, hoy sin ir más lejos me he hecho mis 10 km a cero grados, abrigado hasta las cejas, sin plantearme ni por un momento saltarme mi carrerita. Y entonces… en el tramo de la carrera en el que más estaba sufriendo me he preguntado: ¿Por qué corro?.

Me he dado a mi mismo muchas razones que imagino que no os sorprenderán. Aquí os dejo algunas:

– Corro para estar en forma. Me gusta sentir que cuido mi cuerpo y correr me ayuda a hacerlo. Aunque realmente me alegro de haber corrido cuando acabo.

– Corro porque tengo un objetivo deportivo y necesito llegar en condiciones. Me estoy preparando una carrera para el mes de Mayo y más me vale entrenar la resistencia porque sino voy a hacer el ridículo. Y yo no hago el ridículo

– Corro porque es la manera más fácil de hacer ejercicio. Es ponerte las zapatillas y a la calle. No hay excusas y no dependes de nadie.

– Corro porque me encanta la sensación de estar conmigo mismo. Con mi música y sin interferencias. Aunque eso implique sufrir haciendo una carrera.

– Corro porque veo la mejora rápidamente. Es una práctica deportiva muy agradecida y aunque me cueste, los resultados me mantienen animado.

– Corro porque me gusta el aire libre. Me gusta la sensación de integrarme con la naturaleza o con la ciudad.

No está mal la reflexión de la carrera de hoy. Todas las razones son bastante sólidas y supongo que muchas de ellas las compartís. Todo esto es suficiente como para mantener la costumbre de salir a correr ¿verdad?. ¡Pues no!. No es verdad. Porque si estas razones fueran suficientes, yo no habría dejado de salir a correr nunca. Y la verdad es que no es hasta hace un par de años que he incorporado la carrera a mi rutina. Sí que he corrido de vez en cuando y he tenido rachas pero nada estable en el tiempo. Sin embargo, siempre he tenido retos, siempre me ha preocupado sentirme en forma, siempre lo he podido hacer, siempre he buscado mis momentos de reflexión, siempre me sentaba bien… pero no ha sido hasta ahora que está integrado en mi vida. Entonces… debe haber alguna razón más.

Efectivamente, hay una razón más. Creo que la única manera de crecer es salir de la famosa “zona de comfort”. Y esto, que se dice tan a menudo y con tanta ligereza, en realidad no es tan común. Porque una cosa es decir y otra es hacer. Si todos estuviéramos continuamente fuera de la zona de comfort otro gallo nos cantaría no sólo en el ámbito deportivo sino en el económico, en el profesional, en el político, en el familiar o en el social.

Para salir de la zona de comfort y mejorar hay que hacer cosas que no te apetecen pero que sabes que son necesarias. Y cuando tienes claro el propósito, parece que las cosas que cuestan se llevan mejor. En mi caso, hace un par de años que he decidido exponerme de manera consciente en aquellas cosas que se me dan peor, en aquello que me cuesta más, en aquello en lo que necesito mejorar. He decidido salir conscientemente de esa zona cómoda porque me hace crecer y me lleva a donde quiero ir. En algunas de estas facetas todavía tengo mucho trabajo por delante, por ejemplo en temas de orden, temas administrativos o de ejecución de algunas planificaciones. Y para eso incorporo algunas rutinas que me ayudan a hacerlo mejor.

Pero más concretamente en el tema deportivo, la manera de salir de mi zona de comfort es hacer lo que menos me gusta: correr. Organizarme para hacer lo que menos me apetece me hace ser mejor deportista. Aprender a apreciar y sacarle la parte buena a algo que no me llama nada es un entrenamiento mental espectacular. Ser capaz de hacerlo de manera recurrente hace que sea especialmente duro por lo que me hace sentir muy orgulloso de mi mismo. Estar expuesto al pensamiento constante de dejar de correr a partir de la media hora y no ceder es sentir cómo estoy creciendo. Y todo esto lo puedo exportar a cualquier ámbito personal o profesional.

Odio correr, por eso corro. Y para mi, a día de hoy, es la razón más poderosa que he encontrado para hacerlo. Como decía Rafa Nadal, hay que “abrazar el sufrimiento” para poder llegar a tu máximo rendimiento. Y yo lo he llevado a un punto en el que cuanto más feo y desapacible es el día, más propenso es para que me apetezca salir a la calle y disfrutar sintiendo la dificultad mientras corro por un pinar precioso. No sé si esta razón ha pasado por vuestra mente en algún momento, pero os aseguro que a mi me ha permitido ver las cosas desde otra perspectiva y en muchas ocasiones, encontrar mi mejor versión.

Sígueme en Twitter

Os dejo un vídeo con un tema de Michelle Lewis escribió en homenaje a las víctimas de la Maratón de Boston. Mucha gente se entrenó para hacer esta carrera en 2014 por una razón que iba más allá de ellos mismos. Estoy seguro que prepararse para la carrera les transformó más que hacerla.

[flash https://www.youtube.com/watch?v=HQUjviIH9PU]